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Telecinco

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Cómo se ha transformado la televisión en una sola nota de prensa

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Hace dos días, Paco Asensi, director de desarrollo de negocio digital de RTVE, aseguraba en una mesa redonda en el curso “Televisión social, transmedia y nuevas narrativas audiovisuales” que organiza Unidad Editorial que “RTVE se define como una empresa transmedia”. Y tenía que ver por cómo están concibiendo sus productos y trabajo. Ya no es sólo televisión, parece ser. Ayer, Mediaset enviaba una nota de prensa con este título: “TRES “MARCAS” MEDIASET ESPAÑA, MITELE, “GRANHERMANO 12+1” Y “LO IMPOSIBLE”, ENTRE LOS 5 TÉRMINOS MÁS BUSCADOS EN ESPAÑA EN GOOGLE”. Frótense los ojos y piensen un segundo: ¿una empresa de televisión presumiendo de posicionamiento en buscadores? Si tiene que hacerlo, por algo será. Es de conocimiento público el hecho de que la inversión publicitaria en internet sube y sube y que el tiempo de atención en la web es enorme y que el usuario (antes conocido como espectador) tiene los medios para ver su programación cuando quiera y donde quiera y, lo que antes se decía que era peor, lo hace. Teníamos más síntomas de que la televisión había cambiado en cuatro líneas (y, el cine, en un banner). Ahora yo creo que, vistas las dos citas de hoy, ha cambiado defintivamente y parece que no nos hemos dado cuenta.

Por qué he firmado la petición en favor de Pablo Herreros

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No lo he hecho porque Telecinco presuntamente haga o sea telebasura, ni porque deba retirar una querella porque sí (nadie es nadie para decirle a nadie cómo tiene que defenderse si cree que las leyes se han violado), ni siquiera porque en el origen de la cuestión yo compartiera la argumentación de la protesta (más bien no). Lo he hecho porque la única lectura coherente es que se trata de una venganza por un fracaso comercial y de relaciones públicas (Mediaset asegura que no lo es). Fracaso y venganza que busca un escarmiento y hasta la ruina a quien cuestiona los márgenes de actuación de una organización poseedora de un poder de mercado abrumador, una posición privilegiada fruto de una licencia otorgada por un gobierno y que le conduce a abusar de su posición: boicotear pidiendo a los demás que no consuman tu producto forma parte del juego que permite tener una mínima higiene de mercado donde, en realidad, no hay mercado, sino un oligopolio muy cuestionable. Es esa posición anómala la que permite gastar el dinero de sus accionistas e ignorar el sentimiento de parte de sus espectadores resucitando una cuestión por la que se llegó a pedir perdón en público. La expresión matonismo legal, me parece adecuada al venir de organizaciones donde el riesgo de quiebra fruto de su privilegio regulatorio es verdaderamente una quimera. Es justo que el lector sepa que como, hablo y me río con Pablo de vez en cuando y que estar en su círculo de amistades puede que invalide mi juicio y mi opinión, pero eso queda en la consideración de quien pase por aquí.

La Que Se Avecina, los piratas y el nuevo delito de ver lo pirateado

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Telecinco remite una nota de prensa “aclaratoria” sobre el caso de la aparición en páginas de enlaces de un episodio de la nueva temporada de LaQueSeAvecina a punto de empezar: «Estimados compañeros: Os recordamos que cualquier instrucción para ver o bajar ilegalmente un producto audiovisual supone un delito, por lo que os pedimos que retiréis de vuestras informaciones o vuestros foros cualquier indicación de ese tipo.» ¿Delito? ¿Están seguros? Un abogado amigo me dice que no. El caso es que yo lo he leído en una nota de un periódico. Así que supongo que si la tesis de Mediaset es cierta, enlazándola tanto el periódico como yo estamos cometiendo un delito. Me autoinculpo entonces. Estamos llegando al ridículo: el mismo medio que me facilita la noticia y la llegada al contenido violentado, publica una nueva nota que se suma a la idea de que ver es delito. Por si acaso, no es malo releer este artículo de opinión de un par de tremendos piratas que brindó el New York Times hará como un mes explicando por qué la piratería nunca acabará. Hoy mismo aparecen nuevas de un ingenio que mejora la impresión 3D. Ver cómo avanza el fabbing  acerca la ya anticipada aparición de un nuevo frente corsario: el de la copia de muñequitos de merchandising, por ejemplo, que bien pudieran ser de Star Wars. Es una historia de nunca acabar: la piratería es una forma especial de demanda insatisfecha que no se termina con la represión, aunque la represión sí parece mejorar la ventas legales digitales. Podría decirse que hace parcialmente bien su trabajo, al menos por un tiempo: la oferta de precio coexiste y compite con lo gratis de un modo llamémosle mejorado. Pero queda la duda de si esa forma de represión parcialmente exitosa puede vivir con precios demasiado altos o cercanos al precio histórico de la copia física, pues genera un nuevo incentivo para buscarla en el espacio ilegal. Sin piratas nadie habría mutado a la distribución digital y sin piratas los precios no tendrían esa tendencia a bajar (algo que se supone es bueno para la sociedad, innovación y costes menores para esas defensas de la cultura que tantas bocas llena de presunta legitimidad). Quizá porque los piratas sólo son la fiebre de un cambio tecnológico que obliga a hacer otras cosas sin consideración por el respetable statu-quo de tantos. Es decir, que Telecinco puede vivir estupendamente amenazando a todo el mundo e irle mejor en sus ventas que si no lo hace y los demás pueden ver el episodio de modo inconfesable. Más o menos un escenario parecido a que el estado se hinche a ganar dinero con el tabaco mientras la gente cultiva en macetas sus estupefacienes favoritos. Y eso mismo al tiempo que se llenan los telediarios de alijos descubiertos de esas mismas substancias en oscuros vericuetos de barcos y camiones y se celebra con tanto ruido como la detención de Kim Dotcom: se sigue fumando y se sigue pirateando y, más divertido aún, Kim Dotcom reaparece al contraataque.[ACTUALIZACIÓN: Resulta que Mediaset sería la responsable de la filtración por incompetencia, lo que hace todavía más risible y patética la formalización de la persecución al usuario y desvela hasta qué punto el desmadre de los derechos afecta a las mentes (vía)][ACTUALIZACIÓN II: En El País se asegura que han encontrado al culpable, que le han denunciado y que denunciarán a tutiplén. Qué misterio tan bonito]

Si había que desmantelar lo público, también lo privado

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La obscenidad del reparto de licencias de televisión no es nueva, pero el último capítulo ha sido especialmente entretenido. Primero Mediaset se hace con las licencias en abierto de Prisa por pura rendición. Luego, en una segunda claudicación, Imagina se entrega a Antena3. Pero, el anteriormente llamado Tribunal de Defensa de la Competencia (que ni era tribunal antes, ni lo es ahora, es decir está a las órdenes del gobierno de turno) decide que la competencia peligra. Bueno, no es que peligre, es que no existe. Una cosa es que haya competición (a ver quién pilla más de la bolsa de publicidad) y otra que haya competencia: lo segundo implica que haya una significativa libertad de concurrencia. Tras decir que peligra, se monta un pollo. Si eso es lo que sale en público, imagínense el pollo en privado, en las llamadas y cenas donde el concurso de belleza que es la televisión (pública y privada) se arregla en función de quién la tiene más grande. La amistad, que dinero siempre hay para esto. Al final, todo se arregla, claro, no se esperaba otro final. Para la redactora de El País, el colapso del telestado del bienestar, se explica con palabras como “botín”, naturalmente más opinativas que factuales, aunque sea un botincillo que, por supuesto, también se reparte entre fuerzas que miden su eficacia por el tamaño de sus amistades. Este es el subproducto del orden industrial de la televisión que, con más o menos dignidad técnica y editorial (la de aquí, bastante más lamentable de lo que a cualquiera le gustaría), ha poblado y puebla el mundo: vestido de tintes paternalistas, estratégicos, propagandísticos y presuntos valores educativos y democráticos, el mundo basado en la escasez de espectro no genera ni el paraíso público que tantos esperan, ni un mercado en condiciones de ese nombre. La tecnología ha cambiado y la proverbial ausencia de pensamiento radical está plenamente ausente de la discusión social: si existe una tecnología que elimina la necesidad de crear cuellos de botella que impiden la libre concurrencia de cualquiera para producir y emitir imágenes y evita la necesidad de un mercado intervenido, ahorrando en el camino dinero de impuestos y evitando que políticos y empresarios terminen con la meritocracia que supone el libre mercado, ¿no habría que viajar hacia ella como programa por mucho que aún no se dé toda la infraestructura técnica? Y uno cree que son precisamente los que más creen en lo mejor que puede realmente hacer una televisión pública los primeros que debieran dar el paso para esa transición tecnológica nada inocente desde el punto de vista de las relaciones de poder.

Duopolio televisivo, competencia y ciberutopías

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