Suscríbete: ENTRADAS | POR E-MAIL | COMENTARIOS | ¿TWITTER?

Posts tagged ·

television pública

·...

La contradicción se instala en los ex-trabajadores de las televisiones públicas

Comentarios desactivados en La contradicción se instala en los ex-trabajadores de las televisiones públicas

El ejemplo de Telemadrid, se ha trasladado a los afectados por la reducción de plantilla de Canal Nou: también presentan su canal de televisión por internet. Hay sitios donde entrecomillan este enunciado: “La salud de nuestro pueblo pasa por la recuperación de nuestra RTVV, y la plataforma de la cual es altavoz quiere ser una herramienta más. 9Exili está abierto a la participación de todo aquel que sienta la RTVV como propia, tanto cuanto si está trabajando en ella, si lo han despachado o si, como ciudadano, entiende la necesidad de una RTVV pública, en valenciano y de calidad”. Nada menos que la salud del pueblo. Calidad, cómo no. Demostrando con todo detalle que se pueden construir voces con el sesgo ideológico que te da la gana (¿quién decide lo que es la calidad la salud del pueblo?) y buscar que sea soportado por quienes quieren que exista. ¿Medios? ¿Alcance? La objeción inmediata suele ser ésta, que se quiere que existan súper-recursos y súper-cobertura porque se quiere que un discurso prevalezca y no la verdadera pluralidad: que exista libertad de concurrencia para transmitir imágenes y que cada cual lo sostenga gracias a su propio mérito y público. Ahora se da en llamar fans. Las cosas no tienen que ser grandes para ser defendidas y nada como las cuentas y el proyecto de ElDiario.es para ver cómo se construyen proyectos editoriales que aspiran a su propia agenda e independencia. Otra vez en el discurso va la contradicción: todo aquel que sienta la RTVV como propia. ¿Los que no lo sienten han de pagarla? Más aún: ¿han de pagarla a los costes que les han mantenido hasta ahora?

Comentarios desactivados en La contradicción se instala en los ex-trabajadores de las televisiones públicas

La continuación del esperpento por otros medios (Telemadrid, otra vez)

2 comments

Muchos espacios se hacen eco del lanzamiento de una televisión por internet de los trabajadores de Telemadrid. Creo que no son conscientes de lo que supone: invalidar sus propias tesis sobre el valor aportado por una televisión pública. Y es la segunda vez: la primera, la evidencia de que nadie había echado de menos su existencia con la huelga que impidió ver sus imágenes. En esta ocasión demuestran que tener voz audiovisual en la sociedad y recabar el apoyo del público está al alcance de cualquiera sin necesidad de que nuestros impuestos tengan que mantener estructuras y empleados que pueden dedicarse a otra cosa, incluso a reducir la deuda. Ante esta posibilidad de zozobra, se me suele argumentar que no es lo mismo: en realidad, porque en nuestro interior queremos asegurarnos de que un nodo superfuerte alcanza – aunque no se vea – a todo el mundo portando contenidos que, cada uno en su interior, cree que deben moralizar ética o estéticamente al resto de la sociedad. Y decidir así lo que es bueno para ver y lo que no es bueno para ver. De todas las mutaciones digitales esta es la que más resistencia emocional tiene: esa de que todo el mundo pueda hablar y, potencialmente, no haya nadie que domine el discurso social. Me resulta entrañable la cita que acompaña su identidad visual: “lo decisivo es ser fiel a aquello por lo que una vez se fue arrojado al exilio”. Exacto: están siendo fieles a lo que les gusta, la cuestión es demostrar que sea necesario que lo paguemos todos.

Sobre diplomacia televisiva

Comentarios desactivados en Sobre diplomacia televisiva

Marcus Hurst publica en Yorokobu un extenso artículo sobre los canales internacionales de noticias creados por los gobiernos de medio mundo. Aunque comete la imprudencia de mencionarme, el texto es muy interesante y completo. Me interesó una cita de Hillary Clinton en el Senado de su país: «los canales privados “no pueden llenar este vacío”». Parece que quieren recuperar La Voz de América a pesar de tener CNN. Es interesante por el tipo de razonamiento que implica sobre el dinero público y la televisión, parece que tiene que convencer de que los fines perseguidos no pueden hacerse de otra forma. Mientras, el dinero público televisivo español sigue en busca de sentido. No se pierdan el argumento ruso para influir en inglés, español y algún idioma más: “en la conciencia de Occidente, Rusia se asocia con tres palabras: comunismo, nieve y pobreza”. El artículo cobra actualidad estos días con el caso de la venta de CurrentTV a AlJazeera y el cese de emisión del canal iraní Hispan TV a través de Hispasat. Todo un compendio de poder estatal, propaganda, comunicación y, a la vez, combate por la pluralidad, ese término tan evanescente.

 

Comentarios desactivados en Sobre diplomacia televisiva

Telemadrid como esperpento

15 comments

Las crónicas periodísticas sobre el conflicto sindical en Telemadrid tienen algo de bohemio: parecieran la transformación matématica de la realidad a través de la estética deformada del mismísimo Max Estrella. La cuestión sería ¿ha pasado realmente algo porque no se haya visto Telemadrid tantos y tantos días?. Me temo que nada. ¿Han percibido los mismos huelguistas, con todo el respeto a sus puntos de vista, cómo su ausencia no ha significado nada y, por tanto, queda en evidencia el propio sentido de su presencia y existencia?. En su patetismo – el ayuntamiento de Madrid ya cerró la suya – aparece de modo descarnado el conflicto inevitable entre costes y notoriedad de las televisiones públicas. A este conflicto (que un servidor denomina “paradoja de la televisión pública“) le ha echado algunas cuentas el profesor Andrés Betancor (gracias, José Miguel): «el gasto público presupuestado en atención a la dependencia en España ascendió gradualmente desde los 3.809 millones de euros en 2007 hasta los 8.004 millones de euros en 2011. Esto significa que el gasto en televisiones representa casi un tercio del gasto en dependencia». Este juego de usos alternativos del dinero recaudado – y se protesta por el también madrileñísimo y catalanísimo euro por receta – podría hacerse con cualquiera de esos gastos fundamentales a los que tanta gente aspira pero sobre los que no se pregunta nunca, nunca, al que paga los impuestos. Telemadrid y la televisión pública española en general se merece un buen paseo por el Callejón del Gato. No, esta pregunta tampoco se verá en los telediarios de Telemadrid. Ni en los de las demás.

¿Sigue haciendo falta la BBC?

1 comment

El canadiense Mathew Ingram, uno de los bloggers estrella de Giga Om, se hace una pregunta que resulta algo extraña en un escritor de la otra orilla: ¿De verdad seguimos necesitando instituciones financiadas por el estado como  BBC? . Supongo que dos intereses concurren para que un autor canadiense en un medio norteamericano se haga una pregunta editorial como esta: que la Reina Isabel de los británicos lo es también de los canadienses y que en Canadá existe un organismo similar. ¿El argumento es la sucesión de escándalos sexuales y de otro tipo que este año le tocan al operador británico? El argumento es otro y que reluce ante la pérdida de prestigio de la institución: si, especialmente en tiempos de crisis, es aceptable el estado como competidor en las noticias frente a multitud de medios privados que tienen que luchar para sobrevivir. Viene a sugerir que si el estado quiere apoyar cierto tipo de periodismo haría mejor en financiar organizaciones sin ánimo de lucro privadas.

More: Read the rest of this entry…

De la lluvia a la televisión pública

6 comments

En el diario El País una serie de personas se muestran muy indignadas por el hecho de que, a partir de ahora, se cobrará por el uso de los datos de la Agencia Española de Metereología. Como es imposible ser verdaderamente objetivo, la tonalidad del artículo – aún en su sobriedad – hace pensar que para el redactor estas personas están cargadas de razón. Los hechos reales no son la cuestión (lo mismo las cosas no son como se cuentan), lo que es interesante en este caso son dos argumentos que aparecen en ese contexto como prácticamente incuestionables. Por un lado, un entrevistado dice: «Resulta indignante e inaceptable que unos datos que posee un organismo oficial no estén disponibles para la sociedad, que los ha costeado con sus impuestos». Por otro, el redactor asegura que se tendrá que pagar «incluso por datos históricos conseguidos con dinero público». ¿Alguien ha visto plantearse alguna vez que lo que las televisiones públicas producen con dinero público se reclame como patrimonio común? Nótese que lleva cerrado décadas y lo que supone de diferencia de punto de vista: cuando te quitan los datos de la información pagada con dinero público nos parece que adquiere tintes escandalosos, pero no lo hemos hecho con las horas de producción pagadas para, presuntamente, el bien común. Lo que nos lleva a recordar que existen muchas prerrogativas y compras públicas de producciones cinematográficas que lo son con dinero de todos y lo mismo cabe exigir entonces ciertas relajaciones sobre la propiedad. Enumerado este argumento siempre hay alguien que dirá que “no es lo mismo”, pero uno cree que la reflexión sobre posibilidades y límites de propiedad cuando se alega un beneficio para el público merece la pena en un mundo donde ya todo son datos: un fotograma son bits.

Si había que desmantelar lo público, también lo privado

2 comments

La obscenidad del reparto de licencias de televisión no es nueva, pero el último capítulo ha sido especialmente entretenido. Primero Mediaset se hace con las licencias en abierto de Prisa por pura rendición. Luego, en una segunda claudicación, Imagina se entrega a Antena3. Pero, el anteriormente llamado Tribunal de Defensa de la Competencia (que ni era tribunal antes, ni lo es ahora, es decir está a las órdenes del gobierno de turno) decide que la competencia peligra. Bueno, no es que peligre, es que no existe. Una cosa es que haya competición (a ver quién pilla más de la bolsa de publicidad) y otra que haya competencia: lo segundo implica que haya una significativa libertad de concurrencia. Tras decir que peligra, se monta un pollo. Si eso es lo que sale en público, imagínense el pollo en privado, en las llamadas y cenas donde el concurso de belleza que es la televisión (pública y privada) se arregla en función de quién la tiene más grande. La amistad, que dinero siempre hay para esto. Al final, todo se arregla, claro, no se esperaba otro final. Para la redactora de El País, el colapso del telestado del bienestar, se explica con palabras como “botín”, naturalmente más opinativas que factuales, aunque sea un botincillo que, por supuesto, también se reparte entre fuerzas que miden su eficacia por el tamaño de sus amistades. Este es el subproducto del orden industrial de la televisión que, con más o menos dignidad técnica y editorial (la de aquí, bastante más lamentable de lo que a cualquiera le gustaría), ha poblado y puebla el mundo: vestido de tintes paternalistas, estratégicos, propagandísticos y presuntos valores educativos y democráticos, el mundo basado en la escasez de espectro no genera ni el paraíso público que tantos esperan, ni un mercado en condiciones de ese nombre. La tecnología ha cambiado y la proverbial ausencia de pensamiento radical está plenamente ausente de la discusión social: si existe una tecnología que elimina la necesidad de crear cuellos de botella que impiden la libre concurrencia de cualquiera para producir y emitir imágenes y evita la necesidad de un mercado intervenido, ahorrando en el camino dinero de impuestos y evitando que políticos y empresarios terminen con la meritocracia que supone el libre mercado, ¿no habría que viajar hacia ella como programa por mucho que aún no se dé toda la infraestructura técnica? Y uno cree que son precisamente los que más creen en lo mejor que puede realmente hacer una televisión pública los primeros que debieran dar el paso para esa transición tecnológica nada inocente desde el punto de vista de las relaciones de poder.

Hidroaviones o televisiones

5 comments

Al ministro de no sé qué le ha salido una perfecta versión moderna del tipo de dilemas a los que se enfrenta la televisión pública, sea aquí o en cualquier allá. En la enseñanza de la economía se enfrentaba al estudiante primerizo con el problema de elección de una economía que sólo produce dos bienes, esas simplificaciones científicas tan útiles: cañones o mantequilla. Cualquiera puede darse cuenta de las implicaciones. Esta crisis, que no creo que a pesar de todos sus males proporcione épicas literarias y cinematográficas como Las Uvas de la Ira, puede que nos deje en la ciudadanía la consciencia del coste de oportunidad: dedicar recursos a televisiones públicas que, casualmente, ofrecen unos contenidos indiferenciados de los privados mientras todo el mundo cree que lo suyo no puede ser recortado. Simultáneamente, la autoridad clásica sobre la televisión, sigue apoyándose en argumentos de la era industrial para justificar… lo que cuesta mucho justificar. Uno de los momentos interesantes del verano. Sigan en el agua, que lo que viene puede que sea peor.

¿Qué públicas cerrar y en qué orden?

13 comments

Dicen que dice un ministro: «Las televisiones autonómicas no tienen justificación, salvo en las autonomías con lengua oficial». No es el primero que dice que puestos a elegir teles públicas, mejor quitar las autonómicas, sesudos economistas se ponen a ello también. A mi se me ocurre que es ideológicamente sospechoso lo de preferir el centro a la periferia, pero ese entretenimiento se lo dejo a ustedes. Es que yo me apostaría varias cervezas con estas personas a que encuentro más argumentos para cerrar la estatal antes que las autonómicas si tuviera que elegir damnificados, ese problema común a todos los primeros ministros independientemente de su procedencia. Si las autonómicas sin lengua oficial no tienen justificación, ¿qué justificación tiene una estatal que compite – sí, compite – con privadas que emiten en su misma lengua? Por no hablar de lo dispuestas que están a comprar fútbol, tenis, cine americano y lo que haga falta sin que lo paguemos con el IVA que nos suben. Por decir algo.

Pensando sobre el extraño caso de la independencia de RTVE mientras veo Paramount

Comentarios desactivados en Pensando sobre el extraño caso de la independencia de RTVE mientras veo Paramount

Mientras hemos visto que los medios no convencionales no vertebrían ya la opinión pública, la clase periodística en general y los que forman parte de RTVE parece que mucho más, se han indignado bastante por el nuevo método de nombramiento del presidente de la Corporación. Más allá de la estética del asunto, el transfondo político y, en mi opinión, la sobrevalorada opinión sobre la llamada dignidad de la reciente televisión pública española, lo que me llama la atención son los motivos para la indignación: propio de la endogamia, y que me perdonen, de la clase periodística, la crítica tiene que ver con un trabajo – el suyo – cuestionado por la evolución de los tiempos y es muy poco airada contra otras obviedades. Por ejemplo, nuestra televisión pública se gasta un dineral en comprar derechos de majors compitiendo con el siempre y casi por definición maltrecho cine local. Conviene recordar que los fundamentos legales que le dan forma (también los morales) tienen que ver con fomentar la industria local y que el Estado gasta un buen dinerete y crea prebendas legislativas para sostenerlo a pesar de que el mercado no le da mucha comba. Pero, para quienes piensen que con esto contribuyen a la cultura, más vale mirar que, sin que le cueste un duro al ciudadano de a pie, todo el mundo puede ver el canal Paramount y LaSexta3 repletos de cine majors. Catálogo Warner este último si no me equivoco. Y cómo molan. Si le sumamos a Disney por ahí para los nenes, digamos que no parece muy lógico que el dinero de todos ustedes se vaya a pagar a la competencia, dicho esto por la tremenda preocupación por la identidad y la excepción cultural. En definitiva: ni esa supuesta independencia informativa aporta realmente nada (lean mi post sobre el asunto Cebrián y hagan paralelismos) ni resulta que el servicio de productos mayoritarios es algo que haya necesidad de ofrecer puesto que lo hacen los señores que se juegan su dinero. Yo sé que mis amigos no me quieren creer, pero la tele pública vive en una paradoja que no tiene una buena solución decente y que conduce a un final cargado de irrelevancia o a incómodas preguntas sobre los usos alternativos del dinero. Me temo.

Comentarios desactivados en Pensando sobre el extraño caso de la independencia de RTVE mientras veo Paramount

Ensayo general del canto del cisne

3 comments

Me preguntaba a mí mismo este fin de semana si la reciente reforma laboral y sus estipulaciones sobre el sector público tendrían como efecto colateral la reducción de plantillas en las televisiones públicas: la ley es un mundo espeso y lleno de matices. Ya hay quien apunta que sí, que efectivamente lo pone a huevo. Nada volverá a ser lo mismo. Lo que Juan Varela denominó brillantemente telestado del bienestar termina su ironía. Las televisiones públicas verán acelerado, termine como termine esta crisis, su paradoja intrínseca en un mundo desintermediado. Hace años una persona influyente en el negocio televisivo me dijo que en este territorio se desarrollaba el ridículo espectáculo de diecisiete autonomías queriendo competir con Hollywood. En los comienzos de una televisión autonómica de las pequeñas, me vi envuelto en los planes de negocio de una productora que debía necesariamente estimar sus ventas fuera de la región para justificar las inversiones de las sociedades de fomento de la misma autonomía. Obviamente, no se produjeron. Salvo excepciones, la tendencia a la autarquía, el sostenimiento inflado de infraestructuras técnicas para crear falsas industrias locales alimentadas por televisiones deficitarias, termina mostrando la realidad: lo artificioso de la industria audiovisual española. Qué habrá sido de las mil licencias de TDT, que deben ser más que partidos judiciales. Televisión, cine y propaganda son una constante desde sus invenciones respectivas, pero la pérdida del control y la tecnología lo cambian todo. El que quiera hacer política industrial de las cosas de la imagen, tendrá que hacer otra cosa, incluso si su máxima es la propaganda. Una historia escuchada en el cuarto de estar de casa fue la de aquella vez en que los míticos patos del miniestanque de la entrada de RTVE empezaron a morderse entre sí porque todo el mundo olvidó darles de comer los fines de semana. Pobres patos los que tienen que depender de que alguien les lleve trozos de pan.

RTVE como fracaso de su razón de estado

Comentarios desactivados en RTVE como fracaso de su razón de estado

El desastre del modelo de televisión pública estatal no sólo es un fracaso entendido por su incapacidad para resolver sus paradojas inevitables en la era digital (muchos, no me creen), sino porque ni siquiera es capaz de cumplir con sus aspectos propagandísticos más propios de la razón de estado. Ver cómo relata El País la presencia iraní en la televisión por satélite en castellano o los planes de otras muchas culturas deseosas de influencia y sin tradición en la zona sólo tiene una calificación en mi opinión: RTVE hace el ridículo. Si se le suman los Estados Unidos hispanos, hablamos de incompetencia profunda. Hace como tres años ya escribí sobre eso, tal vez de demasiado incompleto, pero es que se veía venir.

Comentarios desactivados en RTVE como fracaso de su razón de estado

Paradoja de la televisión pública

8 comments

Lean esto y pregúntense si no es un disparate: «El ente regional explica que para “garantizar la viabilidad” de la televisión pública de las islas “no se apostará por las retransmisiones deportivas que se pueden ver en otras cadenas”. De hecho, tanto los partidos de fútbol como las pruebas de automovilismo los difunde La Sexta. Para rentabilizar estos derechos, la cadena privada vendió a las autonómicas la señal de los encuentros de los sábados y de la f-1, pese a que los espectadores podían seguir en toda España estos deportes a través de La Sexta». Me permitirán una opinión personal a la vista del entorno que vivimos: ¿no roza lo indignante que haya que pagar – impuestos – por lo que no habría que pagar?. La ocasión me ha servido para formalizar en un único texto este fenómeno que usualmente he calificado como la paradoja a la que se enfrentan las televisiones públicas en la era de la red. La tienen en «Contextos».

De cómo el debate electoral deja desnudo el concepto de televisión pública

5 comments

A nadie le llama la atención, pero en todas las informaciones que consulto se dice lo mismo: los cabezas de lista de los dos principales partidos políticos españoles realizarán su debate electoral en la Academia de Televisión y ésta proporcionará gratuitamente la señal a quien quiera emitirla. Si hago caso a Formula TV, seas televisión o no. Fijémonos en el calado de la cuestión: si los partidos pueden ponerse de acuerdo para producir una señal, si la señal es libre de ser emitida por quien quiera -vaya, esto es open data del bueno – ¿para qué necesitamos una televisión pública? Bien, ya conocen mi respuesta: el proceso de desintermediación y convergencia hacen que eso que llaman pluralidad se produzca por causa de la arquitectura de la información y la capacidad tecnológica, no porque los gobiernos, en su infinita sabiduría regulatoria, hagan o traten de hacer: ya vemos cómo ha quedado el mercado de televisión después del discurso salvador de la humanidad que tuvimos que soportar. Voy más lejos: esto del debate es eso que quienes tienen visiones opuestas a la mía llamarían servicio público. Ya se ve que se puede hacer de otra manera sin que lo paguemos nosotros o, especialmente, haya otros que decidan el tiempo, las horas, quién sale o quién no sale: recuerden las peticiones de UPyD o las quejas de algunos partidos catalanes cuando eran extraparlamentarios. ¿Que los partidos pequeños no pueden? Caramba, precisamente: ahora sí que no les hacen caso. Con la ausencia de unas televisiones públicas empeñadas en dar espacio – medidísimo para que no haya broncas y, después, siempre las hay – a los más representativos se concede ventaja de facto sobre los que no tienen voz, eso que iba a cubrir la pluralidad y que, en la escasez intrínseca de lo convencional, tiene una solución mala, razón por la que es posible el control de los contenidos. Si para todos no hay cobertura obligatoria sino que pueden ofrecer su señal y todo el mundo es libre de emitirla la competencia por el favor ciudadano es, como mínimo, más cercana a la igualdad de oportunidades.

La última excusa de la televisión pública

1 comment

¿Qué fue de la televisión online de la diócesis de Málaga? ¿Y de la del PSOE? En los primeros momentos de este blog, aquéllos dos casos fueron vistos como ejemplos señeros de lo que vendría y lo que está pasando: la extensión del vídeo y su difusión para todo tipo de voces en camino de una videosfera distribuida. Ambas siguen ahí y con diseño y capacidades mejoradas. Todo el mundo a la espera de que el televisor conectado rompa la última barrera: el definitivo donde sea y en el estado de ánimo que sea, esa actitud que supone estar inclinado en el sofá. Sostengo desde hace tiempo que no hay minoría ni grupo social que no pueda verse representando en la comunicación de hoy por sus propios medios, haciendo la justificación de las televisiones públicas estatales innecesaria. La razón es el fin de las barreras de entrada y la posibilidad de que todo el mundo acceda a lo que el profesor Castells llama la autocomunicación de masas. En los debates de quienes se oponen, aparece siempre en la conversación el argumento de que existe mucha gente “no conectada” o sin acceso a la red. La no conexión es un acto voluntario y el no acceso a la red un problema técnico con tendencia a reducirse a cero: basta mirar el mapa de conexiones 3G y de acceso rural a internet en España. Es interesante cómo ambas opciones provienen de iniciativas propias y recursos propios y cómo, en ambos casos, se producen obligaciones de transmisión por parte de las televisiones públicas: tenemos programas religiosos en La2 en nombre de la pluralidad, tenemos inserciones obligatorias de partidos para hacer propaganda en período electoral y un sin fin de luchas por el tiempo de los telediarios en nombre de la pluralidad. Y, sin embargo, son capaces de tener medios propios: también el PNV tiene su televisión. No sólo es el caso de Salt&Light en Canadá, como se puede ver. Y hemos visto cómo la FCC utiliza la obsolescencia como argumento para eliminar las reglas de equilibrio. Pero muchos esperan que los valores de producción (se suele confundir calidad con valores de producción) que supuestamente permiten las televisiones públicas suplan lo que debieran hacer por sí mismos sin esperar a los filtros impuestos por criterios que no son los tuyos: ni estéticos, ni morales. La única opción lógica, no ya únicamente por la sobreponderación de televisión pública en el telestado del bienestar, es un proceso de extinción progresiva de un recurso fiscal que, como se ve, ningún político ha puesto en cuestión mientras un parado de larga duración debe esperar el dedazo y la dádiva.

Una discrepancia: Isaiah Berlin pasado por RTVE

2 comments

La lectura de Isaiah Berlin plantea a los interesados en la historia de las ideas un interesante punto de vista sobre los conflictos políticos: los conceptos de libertad, igualdad y fraternidad, tan célebres y refugio corriente de los ideales colectivos, resultarían ser objetivos incompatibles entre sí. La igualdad absoluta termina con la libertad y la libertad total impide la igualdad, por ejemplo. Independientemente de la valoración que haga cada uno de la solución al problema, lo interesante es que la posibilidad de alcanzar la consecución de varios objetivos deseables simultáneamente pueda no ser posible. Aludo a este problema intelectual porque me lo ha recordado una cita que realiza la prensa al catedrático José Mª Álvarez del Manzoncillo sobre la televisión pública. Por experiencia propia sé que lo que te reproduce un diario no suele ser ni tu literalidad ni suele recoger el contexto como uno mismo lo haría, así que lo interpreto como lo publicado y no como la prueba irrefutable de un pensamiento. La cita es la que sigue: resulta que defendería una televisión estatal “de verdadero servicio público, de calidad, independiente, con un modelo de financiación estable y socialmente influyente”. Esta formulación es un clásico popular, pero yo defiendo que, por deseables que sean, son objetivos incompatibles en el entorno de comunicación hiperfragmentada actual, con el fin de barreras de entrada a la emisión y las opciones de un entorno de abundancia frente a otro de escasez: ser influyente socialmente suele implicar la pérdida de lo que llaman calidad, depender de una financiación determinada impide ser independiente, un verdadero servicio público no sólo es difícil de saber, sino que probablemente no sea influyente (¿trasmitir un torneo de bolos puede ser un servicio público a pesar de que lo vean cuatro?). Y así podemos seguir: la era de la comunicación en red es la era de la personalización, la televisión pública se construyó para la era de comunicación de masas, y se sigue juzgando su viabilidad y necesidad por una visión que ya, me parece, no es posible.

Rentabilidad, minorías e interés público en la televisión tradicional

7 comments

Tengo un buen amigo que, además, dice que me lee. Insiste en que las películas que le gustan no son en las que él invertiría. No he tenido más remedio que acordarme de él cuando he leído este titular de una entrevista a Paolo Vasile: “Si yo programara lo que a mí me gusta, Telecinco habría quebrado“. Voy a decir algo muy incorrecto para la política vigente: nadie explica el negocio de la televisión como el Sr. Vasile y debo decir que es difícil para una mente racional no estar de acuerdo con él. Me perderán el respeto. Esta otra cita de la entrevista basta para resumirlo todo, ni siquiera mil páginas de blog enseñarían tanto: “La televisión generalista es comercial, su virtud es vender publicidad. Y a la gente le gusta porque damos lo que quieren. Eso debe completarse con una oferta minoritaria. Decir lo contrario es insultar al público, sentirse superior al pueblo. Mire, mire… La 2, ‘Grandes documentales: El superfelino de Kalahari’: 74.000 personas. La pública no debería meterse en competición para comprar eventos y películas americanas; usted, ciudadano, tiene que pagar para ver la Champions cuando yo se la doy gratis”. Curiosamente, esta respuesta es a la pregunta de si La2 debe existir y dice: “Absolutamente“. La pregunta de hoy día, sin embargo, y con esto verán que soy mucho más despreciable que el Sr. Vasile, es: ¿De verdad para dar servicio a 74.000 hay que mantener estructuras de ese coste? ¿De verdad que no hay forma de ver esas cosas por otras vías y liberar dinero de los impuestos? ¿No se puede incentivar la donación privada – el crowdfunding es donación privada, no sólo es cool – para cubrir los intereses de las minorías sin un aparato de propaganda de coste exorbitante?

El exceso de televisión pública sale a la luz

12 comments

Quizá es porque la crisis es la crisis y, tras ella, se vuelva a las andadas. Pero sospecho que nada volverá a ser igual en la televisión pública el día en que otra nueva euforia regrese: la convergencia lo cambia todo, la saturación de oferta lo apuntilla. Lo que brillantemente Juan Varela llamó telestado del bienestar era claramente insostenible (por no decir absurdo, irracional, desmesurado) y ahora se ve. Pero por primera vez veo a políticos locales plantearlo en términos de elección pública cabales y asumiendo la razón de fondo: “Dedicar entre 20 y 40 millones de euros al año a un aparato de propaganda no es de recibo”, explica Ángel Agudo, actual consejero regional de Economía y Hacienda, del PSOE, que asegura que el coste de oportunidad de renunciar a la televisión ha permitido situar a Cantabria entre las comunidades “con mayor nivel de desarrollo de la la Ley de la Dependencia” o contar “con la universidad “mejor financiada del Estado”.  Más: “La televisión pública de la Comunidad Valenciana, Canal 9, tiene 1.800 trabajadores, una plantilla superior a Tele 5 y Antena 3 juntas. También y como este lunes recordó José Bono, el presidente del Congreso, una deuda de 1.287 millones de euros (la congelación de las pensiones durante un año cuesta 1.500 millones) y un presupuesto para este año de 184 millones (equivalente al mantenimiento anual de 552 camas en el hospital de Henares).” Esto se sabía, pero parece que no llamaba la atención: yo creo que es indignante, ahora que está de moda la expresión. La tele pública, como se ve, no es gratis y crea serias distorsiones en un momento en que la oferta de contenidos que puede ofrecer tiene escasa capacidad de diferenciación (por tanto, de necesidad). Aunque Fernando Trueba piense otra cosa.

Malos tiempos para lo que las televisiones públicas llaman “competir”

Comentarios desactivados en Malos tiempos para lo que las televisiones públicas llaman “competir”

Hollywood Reporter menciona unas declaraciones del nuevo presidente del BBC Trust: viene a decirles a sus ejecutantes que competir por el talento pagando sobreprecios por sus honorarios no es su misión. Que no tienen que vender anuncios ni subscripiones ni nada por el estilo y que deben asumir que lo suyo es “descubrir, entrenar y emplear talento por unas pocas temporadas”. Y, lo que es parece peor, deben acostumbrarse a vivir con ello. Trasladar esta reflexión no sólo al talento en España o la puja por los derechos deportivos parece más que evidente por múltiples consideraciones de interés social, que un servidor ha comentado desde su punto de vista decenas de veces. Los ejecutivos de las televisiones públicas españolas viven con el síndrome de la audiencia aunque ya no se les pague por ello, sometidos a sistemas en los que los políticos llaman educadamente tener relevancia a lo que, simplemente, es ser visto con el no confesado fin de influir en la población acerca de sus valores e intereses electorales. Pero esa fiesta se acaba: mientras RTVE celebra sus vacíos liderazgos de audiencia, la audiencia real cada año que pasa es menor, aunque crezca en franjas o cualquier otro artificio de cifras pensado para un servicio comercial. El drama de lo público está servido: si compite por la máxima audiencia su servicio es equiparable al privado (luego podemos ahorrarnos los millones), si se concentra en lo que el mercado no da (cada vez menos) su visionado se reduce hasta extremos en los que cabe preguntarse para qué gastamos el dinero. Esta esquizofrenia será mayor cada año.

Comentarios desactivados en Malos tiempos para lo que las televisiones públicas llaman “competir”