La Nueva Industria Audiovisual

La Fundación Juan March: una referencia para lo "público" y lo digital


Las comillas de «público» son deliberadas, pues público no es: la Fundación Juan March es una fundación privada sin ánimo de lucro. Generalmente tendemos a asociar público y privado exclusivamente por la idea de la búsqueda de beneficio en el caso de los segundos y el beneficio social en el caso de los primeros. La debilidad relativa de los movimientos asociativos y especialmente del tejido de fundaciones en España, sobre cuyas causas no me creo con capacidad de juzgar, probablemente nos resta referencias mentales para discutir sobre la no comercialidad de la prestación de determinados bienes y servicios. Especialmente la promoción de la cultura y, más concretamente, de lo que aquí nos ocupa: los servicios y contenidos audiovisuales.

El diario ABC informa hoy de la inclusión en March.es – la web de la fundación – de nada menos que 2.500 conferencias y otros materiales en archivos mp3 que se pueden escuchar y descargar librebemente. Los contenidos son de todas las materias, literatura, arte ciencia y están presentados con gran sencillez. En el diario hablan de la austeridad propia de la Fundación y su poco ánimo de espectáculo, especialmente con la acumulación de materiales tan destacados aún siendo evidentemente de una naturaleza minoritaria. En términos puros de internet y de diseño web, muchas cosas son mejorables, pero ese no es el tema.

Hemos dedicado unos cuantos espacios a discutir dónde empieza lo «público» y donde lo comercial. Por seguir con el argumento que iniciábamos en el comienzo de esta entrada, en qué puede consistir o cuál debe ser la ausencia de ánimo de lucro en los medios de comunicación públicos, especialmente en la era digital, cuando tantas cosas impensables cuando se crearon contenidos como estos son ahora posibles. ¿Archivo sonoro? Tienen que ver cómo es el de Radio Nacional de España. ¿Dónde está la posibilidad de consultar ese archivo en la red?

¿Está en los planes de la Corporación? Esa colección de sonidos (voces, música, programas) es un tesoro propiedad de los ciudadanos que han pagado esa emisora con impuestos durante generaciones. Sí, ya son generaciones. Está digitalizado y cuenta con bases de datos de consulta. Seguramente, no todo es tan fácil como digo y no debe serlo pero, de nuevo, ¿cómo es que el entorno privado sin ánimo de lucro está siendo más capaz de entender internet que los medios de comunicación públicos? El valor educativo, cultural, experimental de disponer de las voces de tantas personas que han sido protagonistas de la historia, la cultura y la vida cotidiana, por no hablar de obras de teatro clásicas y originales para la radio, no es necesario explicarlo.

El verdadero drama de las discusiones y entradas que planteo en los últimas días tiene que ver con el orden de prioridades que los esquemas de los medios de comunicación públicos están mostrando de modo generalizado: confundir el éxito profesional con los objetivos verdaderos de unos medios de comunicación que no pueden estar gobernados por el éxito de audiencia o económico. Sin duda, no puede ser por capacidad profesional o técnica, sólo puede deberse a la carencia de una definición correcta de los objetivos que se buscan con esos medios. Es demasiado socorrido ya volver a empeñarnos en Chikilicuatre, pero mientas se podían hacer camisetas de apoyo virtuales nadie nos habla de cuándo podremos emplear las voces e imágenes de Borges, Llosa y tantos otros que tienen que estar en los recónditos espacios de nuestra radiotelevisión estatal. Algún amigo, cuando hablamos de estas cosas, me recuerda además los precios que se cobran por usar ese archivo.

Actualización: Una mirada profunda a la web de rtve.es permite encontrar una sección dedicada al archivo sonoro de RNE. Es un escenario variopinto: hay una selección de piezas de sonido sin duda con interés, pero carentes de organización y coherencia. Un buscador permite comprobar que las entradas de nombres y palabras esperables no devuelven resultados. Una sencilla mirada a las páginas permite comprobar que se han rescatado 43 archivos. Frente a 2.500. Materia de prioridades. Tampoco la BBC parece contar con nada de esto en su web.