¿Se imaginan mis encantadores lectores enganchados a ese artefacto en forma de pájaro metálico que siempre está caído- y que aún así le perdonamos la vida – empleado para interactuar con los espectadores de televisión? ¿Entrevistando, por ejemplo, cómo ya está sucediendo en los eventos, a los ponentes de forma que las preguntas y comentarios llegan desde el público directamente, incluidos comentarios y valoraciones? ¿Y que eso tuviera una sencilla aparición en pantalla para que todo el mundo lo viera, además de ser recibido en los respectivos inventos que cada uno emplea para conectarse?
En cierta forma, es lo que ya hace el SMS y su salto mortal que es twitter y que ya está aplicado a la radio, yo se lo he visto (escuchado) hacer a Marta Pastor. Marta ha iniciado un grupo en Facebook de los que de verdad pueden tener interés y crear un debate fructífero. Se llama La Pública – RTVE que se subtitula por una radio y televisión de servicio público y de calidad. Habiendo pasado casi todos mis mayores largos años empleados por el mismo ente que acaba de jubilar a tantos (no es la primera vez, van varias y jugosas), tengo una especial sensibilidad por el estado de lo que ahora es una corporación y, especialmente, por el edificio que no sé si sigue llamándose La Casa de la Radio. El debate de ese grupo en Facebook, no era difícil, se está centrando en el difícil rol de lo público en la era digital, en qué tiene que hacer una televisión pública para diferenciarse o merecer el dinero que le damos.
Precisamente, Juan Varela daba ayer un interesante toque de atención a las noticias de La1 ante la fanfarria, pompa y circunstancia de cómo han celebrado (¿informado?) sus excelentes ratings de mayo. Dice Juan: «Queremos telediarios, no informes de audiencia. El exceso es vicio, compañeros. Y es así día tras día, especialmente en el tiempo de deportes, donde la promoción y la información ya casi ni se distinguen». En los comentarios, cruzamos algunas opiniones y me insiste «Gonzalo, ni con los últimos proyectos ni con la estrategia de la Corporación se ha querido entrar a redefinir el servicio público, que tanta falta hace. Ese debate fundamental en Gran Bretaña y otros países está ausente en España». La BBC está pasando apuros exactamente en la misma circunstancia: éxito profesional, desdibujamiento de los objetivos de la función pública. El caso Chikilicuatre, experimento, desmitificación o como lo quieran llamar, está produciendo a nivel de opinión precisamente esa misma sensación.
El problema es, por tanto, en qué establecer una línea que separe debidamente lo que es función pública de lo que no lo es, es un asunto harto complejo. ¿Puede servirnos twitter como anécdota de cómo construir un código de conducta o, al menos, una especie de pequeño caso de estudio de cómo razonar? Tomo como criterio de partida los que el BBC Trust ha elaborado para que la dirección de la BBC construya su sistema: buscar una diferenciación clara en los estándares periodísticos, en la no comercialidad y en la apuesta por la producción local de contenidos, además de la ambición creativa.
¿Cómo sería esto? Elaborando argumentos en contra y a favor del uso de twitter en televisión española. Hagamos abstracción de la penetración no universal del servicio, como sí tienen los móviles:
- Sí debería hacerlo porque es gratis para el usuario y por el principio de no comercialidad. Si una de las obligaciones es el fomento de la sociedad de la información, un método ágil, virtuamente gratis y que enriquece la participación más que el SMS debería conducirle a sustituirlo. Una privada, en cambio, buscará la maximización de ingresos y eso es lo que hacen los SMS en directo.
- Pero, ¿debe una corporación pública apoyar un único estándar de microblogging o debe ser abierto? Sin duda, no puede tomar partido: todo debería ser compatible – técnicamente me parece trivial – y los Jaiku (qué habrá sido de él), Jisko y Pownce deben tener su sitio. Con una empresa de la talla de RTVE moviéndolo, seguro que veíamos aparecer alguno más: asalto a millones de espectadores de una tacada y las operadoras encantadas de extender su uso.
- ¿Deberían emplear únicamente un servicio que fuera local? La mejor respuesta es también, si lo hay, porque volverse cateto con el localismo me parece de poco sentido. Otra cosa es, como le ha podido pasar a la BBC, que los contribuyentes británicos estén financiando servicios para los no británicos. Y sobre la localización: ¿con la diferenciación y diversidad idiomática española, cómo emplearlo atendiendo a todas las sensibilidades? Para la BBC la atención a las naciones, forma parte de su mandato: Gales, Escocia, Inglaterra e Irlanda del Norte tienen que tener su consideración y servicio. Allí, en cambio, no hay televisiones autonómicas. En España, un problema claro es que un espectador empleara twitter en un idioma distinto del castellano y los moderadores no estuvieran preparados para darle atención.
- ¿Debe existir moderación de lo que aparece en pantalla? La verdad, es incensurable, por lo que ocultar cosas que se pueden ver en otro sitio parece poco inteligente y crearía problemas. A lo mejor tiene más sentido público seguir en SMS porque permite moderar sin consecuencias y no ser acusado de censura. A lo mejor, filtrando lo mejor que se dice se pone de manifiesto la diferenciación editorial de los profesionales del medio frente al entretenimiento de famoseo y conversación trivial pero que no está conducida para mejorar la información y la interacción con un personaje de las privadas. Y el que quiera que lo vea todo: en algunos eventos la gente es cruel con los ponentes a través de twitter en tiempo real. Debate profesional.
- El día en que un twitter introduzca publicidad, ¿cómo se tiene que gestionar? Imaginemos que el público se ha enganchado en la herramienta, pero que al final de los ciento cuarenta caracteres nos dan pequeños mensajes de sugerancia comercial. ¿Es legítimo emitirlos por pantalla? ¿No lo está viendo todo el mundo en sus otras pantallas? ¿Debería reclamar un ingreso por la publicidad que generan? En ese momento, para una privada se torna en una gran herramienta.
En fin, por la no comercialidad, por la creatividad, por la participación de quiénes lo pagan, el microblogging actual parece una excelente herramienta y también permite hacerse preguntas para razonar en qué se diferencia una televisión pública de una privada. Aunque no tengan respuesta. Y que son extrapolables a casi todo (¿hay que doblar las películas?). En mi opinión, el desarrollo de las herramientas sociales y de todo lo que la red produce socialmente, crea problemas sumamente complejos de resolver como para que permitan establecer una frontera clara que determine una diferencia. Especialmente una diferencia gestionable y no basada en la percepción, esa misma que tenemos todos cuando vemos arte y pornografía: en El Año en que Vivimos Peligrosamente se decía «si está desenfocado, es arte». Un juez americano vino a decir que era difícil de describir pero «que él reconocía la diferencia cuando la veía«. La dirección de una cadena necesita elementos menos difusos para construir su oferta. Creo.