La Nueva Industria Audiovisual

¿Y para qué diablos puede querer Telecinco a Digital Plus?


Era Joaquín Borrego el que seguramente asumiendo mayores conocimientos de los que tengo, me mandaba la pregunta de enjundia de la semana: ¿es un bulo?. Como la noticia aparecía en El Mundo y éste es un diario cuyo estilo de deformar la realidad (es decir, su estilo, los otros tienen otro) suele tenerse por el recurso a cierta exageración de minucias; yo, claro, no sabía qué decir. ¿Quién sabe donde empieza hoy la verdad y la mentira? Supongo que saben disculparme estos rodeos filosóficos de bajísima trascendencia intelectual, pero hay que darle un cierto sentido dramático al pulso de los acontecimientos de esta industria audiovisual cambiante. Lo grave es que la presunción de atribuírseme más conocimientos (¿información ?) que otros mortales sobre esta materia parecía reforzarse con la segunda pregunta: ¿opinión?.

Si el mismísimo Jeff Zucker, que sí que sabe de esto el equivalente a los genitales de cualquiera, dice que no hay nadie en su sano juicio que sepa lo que va a ser de esta industria en los próximos ocho años, qué les voy a decir yo. Pero puedo reconfortarme con que opinar es gratis y que al igual que se tienen nalgas, todo el mundo tiene opiniones, incluido un servidor. Así que tómense esto como una especulación basada en presunciones. Ceteris paribus, asumiremos que no hay ninguna intención oscura o acomodaticia por el hecho de que las ofertas presentadas a la fecha no son vinculantes, y alguien le hace un favor a PRISA presentándose a la puja engordando el número de cándidatos y revolviendo las condiciones de precio por aquéllo de que el nudo gordiano del tema es que el precio pueda subir.
Se trata, en verdad, de algo bien sorprendente e inesperado. Mucho más cuando uno de los más afamados analistas del panorama financiero español no se reprime un segundo y define a Digital Plus como una castaña grande, pero castaña. Mi madre, ante la presencia de castañas intelectuales y físicas solía añadir pilonga como agravante. Es decir, que aquí el tamaño del borrico no hace molino. Las consideraciones tienen que ver con las terribles amenazas de mercado que se sobrevienen en un sitio tan dependiente del fútbol para generar abonados, con la sensación aparente de que es incapaz de crecer en número de subscriptores, el peso de una deuda muy considerable y así unos cuantos miedos más entre los que se incluyen la inevitable referencia a las interferencias gubernamentales, que son parte del pastel del negocio de la televisión.
Pero puede tener sentido, por supuesto, si se produce en unas condiciones de precio que justifiquen el retorno futuro de la inversión. Unos cuantos argumentos:
  • Si la audiencia se fragmenta y la publicidad es más o menos la misma, de cuantos más fragmentos se sea dueño, más cuota de mercado tengo. Hay muchos días en los que el conjunto cable/satélite supera en audiencia a las autonómicas. Es decir, los canales de telecinco (que tendrá varios) sumarán sus puntos correspondientes, y además de su publicidad, tendrán la oportunidad de intentar gestionar la publicidad de muchos canales que se encuentran en la plataforma ofreciéndoles la fuerza de Publiespaña (la empresa que lleva la publicidad de Telecinco).
  • Doble fuente de ingresos: en vez de depender únicamente de la publicidad, ¡también subscripciones!. NBC ingresa más por cable que por la emisión convencional. Los ingresos por cuotas son mucho más estables y, con una audiencia potencial limitada y menor que la del broadcast, se ingresan cantidades bastante bárbaras: 1.136 millones de euros dicen en su memoria de 2007, que es casi tanto como los ingresos – subvención incluída – de RTVE este año (unos mil doscientos millones). Los ingresos de Telecinco son solamente 879 millones de euros. Eso sí, una buena pregunta es, si finalmente se adquiriese, cómo afectaría al generosísimo dividendo que dan los de Berlusconi. Nunca, los mil y pico millones de Digital+, han dado la rentabilidad que los ochocientos de Telecinco. Antena3 Televisión (no incluye radio ni otras cosas) son 878 millones de euros, más o menos lo mismo y para que comparen.
  • Más poder de negociación en la adquisición de contenidos. Protecciones antimonopolio aparte, el poder jugar con varias ventanas permite muchas combinaciones de rentabilización de los mismos contenidos. Pensemos que, por ejemplo, ahora mismo se están estrenando episodios de series españolas en el cable. Qué decir del cine. Y, por elucubrar, de la inversión obligatoria en cine español: seguro que telecinco le saca más retorno controlando una antena como ésta. Por no hablar de crear más canales propios aprovechando su propio catálogo, el impulso a sus productos de realidad y, dado el caso, los derechos deportivos.
  • Poder presentarse frente al anunciante como una empresa de contenidos que es capaz de explotarlos en todos los canales y formatos: broadcast, cable, internet, móviles… Ésta es una tendencia clara e inevitable de los grandes grupos multimedia.
Mientras el misterio se resuelve, yo tengo la sensación de quien se la quede, tendrá que cambiar bastantes cosas y que se va a tragar un sapo bien grande. Pero si lo pagan, sabrán por qué están dispuestos.

Créditos: la fotografía forma parte de la galería de Enrique Dans, distribuida con licencia CC