La Nueva Industria Audiovisual

La televisión no está muerta, está aprendiendo a reencarnarse


En una cena reciente, un amigo a la par que ejecutivo de comunicación aficionado a la última, me repetía argumentadamente la leyenda de la muerte de la televisión: más que este ignorante y dubitativo autor que es quien les escribe, ya recurrimos a uno de los que sí sabe para argüir que los rumores acerca de este óbito han sido altamente exagerados. Las buenas noticias son que empieza a ser visible en el mercado que esto no es así.

Quizá haya que definir muerte de la televisión para poder ser precisos. Pero antes, interesa revisar las opiniones de Juan Varela, quien hace poco titulaba uno de sus escritos Televisión=Internet. Sostiene Juan que la reorganización de Telecinco no es otra cosa que una transformación a la convergencia digital. La mera contemplación de las televisiones de toda la vida durante este fin de semana permite observar cómo RTVE te invita a ver las recetas de España Directo en su página de internet, cómo la ex-cadena amiga introduce autopromos constante de Telecinco.es y cómo Antena3 hace algo que ahora no recuerdo: una de las cosas de las que más ansío escribir, y no creo que consiga ningún dato, es de los trasvases ente antena y red… ¿qué pasa cuando la cadena anuncia su página web? ¿en qué medida sube el tráfico? ¿lo hace? ¿de quién y dónde? ¿para ver y hacer qué? ¿con qué retardo?.
Parece mentira que con la que está cayendo en forma de demandas, se pueda decir que hasta Telecinco se está tomando muy en serio internet, pero no únicamente internet. Lo voy a decir no sólo de Telecinco sino de todas las demás. A los lectores de muchos blogs y otros sitios dedicados a televisión en la red, les gusta vengarse verbalmente de la pugna por definir las reglas del juego que se está produciendo al igual que de un tipo de programación que parece no gustarle. Lo hacen poniendo en evidencia su gusto por la descarga y por lanzar en forma de mal de ojo una especie de maldición gitana por la que el imparable crecimiento de la red terminará con estos gigantes de la comunicación oligopolística.
Lamento decir que eso no va a suceder. Los grandes grupos se fusionan y se fraccionan entre sí, pero, al final, son siempre grandes organizaciones las que tienen la capacidad financiera y de gestión para crear y recuperar las inversiones de grandes contenidos, sean del gusto de la élite o no. Los grupos de comunicación de lo que saben es de encontrar y construir audiencias y ponerlas al servicio de anunciantes que aspiran a captar la atención de grupos demográficos concretos. Los elefantes se mueven lentos, tardar en aprender a bailar, pero cuando lo hacen lo hacen bien. Y aprenden por algo tan viejo como seguir al dinero. Aunque tengan que efectuar reconversiones monstruosas, como se avecina para los Señores del Papel: mirar a la banca en los últimos cuarenta años puede ser un buen ejercicio.
Si bien en internet no ganan dinero (aún, diríamos), la digitalización masiva, la introducción de los servicios de movilidad, la multiplicación de la oferta audiovisual sea en condiciones de oligopolio regulado (eso que llamamos en abierto) o en libre concurrencia (cable, internet, iptv y satélite), la ruptura de la unidad temporal en el consumo, más la extensión de diversas formas de interactividad, conduce a que el negocio se transforme en la concepción de contenidos que se explotan por multitud de canales. Sin importar tanto la licencia. Contenidos que, por mucho tiempo, serán lanzados desde los medios que con cierto desprecio llamamos convencionales, pero que tienen la buena suerte de tener penetración universal.
¿Y la definición de muerte? Si hablamos de que la televisión va a ser esa cosa de antes donde unos programaban y otros asentían sentados en los sofás pues, verdaderamente, el fiambre va adquiriendo rigidez. Pero si alguien piensa que lo que mueren son sus dueños y sus mentes pensantes, que no van a estar presentes en los cambios, pueden estar tranquilos haciéndoles un seguro de vida. Los despachos de las televisiones echan humo ante los cambios legislativos y tecnológicos, pero los están trabajando con el acierto o desacierto que algún día se verá. Las dudas reales se ciernen sobre la velocidad a la que se transforme el origen de los ingresos y su composición, especialmente cómo se construyen los márgenes de explotación en entornos más complejos y más tendentes al menudeo. Y con otro tipo de involucraciones de la audiencia.
Conviene no olvidar, creo yo, que los gestores de las televisiones no han tenido que vender una entrada de cine en su vida (bueno, con ciertos matices) y que saben un montón de dar cosas gratis y que otros les paguen por ello. Aunque muchos no lo crean, saben bastante de mantener la atención a pesar de esas interrupciones horrorosas que no nos gustan: simplemente, aplican unas reglas del juego que también se están transformando y no me cabe duda que con más o menos dolor, sabrán adaptarse a las nuevas reglas. Y el que no sepa, caerá en las fauces del que sí supo y que seguirá siendo alguno de los gorilas que ahora tememos tanto.
Créditos: la calavera semicubista que nos acompaña, es creación de Elaphurus, que la comparte con licencia CC.