La Nueva Industria Audiovisual

Nuevas paradojas de lo público en internet: de la doble financiación al doble pago

La encuesta de esta semana está dedicada a saber si mis lectores se encuentran a favor o en contra de que las televisiones públicas (simbolizadas por RTVE, que me perdone el excelente equipo de iRTVE, pero es una concesión a la brevedad del espacio y la notoriedad) contraten publicidad también en internet.

La cuestión se suscitaba por una entrada de Albert en la que se preguntaba por qué tenía que competir, con lo duro que ya era, con una megainstitución que, recordemos, no tiene riesgo teórico en la pérdida (por muchas leyes y normas que se preparan para evitar su endeudamiento) y que va a contar, por tanto, con medios excelentes seguramente inalcanzables para la iniciativa privada. La expresión «iniciativa privada» tiene una mala prensa extraordinaria, pero nos olvidamos que iniciativa privada es todo lo que hace la sociedad en uso de su libertad y con aspiración legítima de conseguir algo: adoramos en la red la vocación por el emprendimiento, escribimos sobre cómo conseguir capitales, nos lamentamos de la carencia de dinero de riesgo y de la ausencia de vocación global que tiene Sillicon Valley y que en casa no tenemos.
Pero nadie se escandaliza porque el dinero de los impuestos sea empleado competitivamente no ya en un entorno escaso y que exige regulación (el espectro), sino en el lugar donde el acceso está al alcance de todos: la red. La diferencia de medios y posibilidades genera algo que no se pone encima de la mesa y que desde luego no interesa a la patronal del oligopolio de la televisión privada: el efecto expulsión, la barrera de entrada que construyen las televisiones públicas compitiendo por el dinero de internet precisamente allá donde es más difícil monetizar audiencias: los contenidos minoritarios y de nicho.
¿La prueba? David De Ugarte mostraba no ha mucho un ejemplo maravilloso de cómo la aberración del sistema está generando el disparate. TV3, la televisión pública del Gobierno de Cataluña (con lo que yo la quiero y estimo) publica en su internet a la carta los contenidos de una de esas cosas que en nuestras mentes se tienen por servicio público, la programación cultural. En ella, Canal 33 – la segunda cadena de la televisión catalana – efectuaba una entrevista a Antoni Gutiérrez Rubí con un tema que ahora nos da igual, pero que es inequívocamente poco comercial: comunicación política.


El fenómeno chocante es que para ver el vídeo por internet hemos de pagar pasadas unas fechas el precio de 1,20 euros en un comodísimo SMS. La cuestión, como avisa David, es que ya hemos pagado vía impuestos y ahora nos lo piden otra vez en nombre del servicio público. Si hasta ahora un empresario privado, incluso en internet y mucho más en internet, tiene que competir con empresas que luchan denodadamente por el mejor contenido sin el riesgo de cierre o quiebra, ahora además el ciudadano la paga dos veces. ¿Tiene sentido? TV3 no es Zattoo.

Pero la evidencia de que algo no funciona con lo público en la era de internet es la barrera de entrada: si es posible cobrar y hacer un cierto dinero con contenidos de vídeo minoritario en la red… ¿puede competirse con la oferta de TV3? Soy de los que le ha dado mil vueltas (David Ballota bien lo sabe) a crear canales de los de amor al arte y a ver si se paga lo que cuesta en la red: esas cuestiones minoritarias, esas mismas que son, por ejemplo, BalzacTv. ¿Esa audiencia pequeña alimentada por medios tan poderosos como las televsiones públicas no nos están impidiendo la oportunidad de intentarlo? En la era de la escasez, sin una televisión pública hubiera sido imposible hablar de libros o de innovación con el lenguaje audiovisual. Pero el caso es que en internet podemos…

El brillante personal que está realizando tantas cosas en el entramado público de televisión hace generalmente excelentes trabajos. No es a ellos: es que el sistema debe plantearse devolver a la sociedad la capacidad de crear contenidos que ya no pueden ser patrimonio de los gobiernos. Basta con acudir a un quiosco de prensa, ni siquiera a internet, para comprender que en ámbitos donde no existen restricciones artificiales la sociedad es capaz de ofrecer cualquier contenido sin tutelas específicas y carísimas de los gobiernos. Si, además, luchan por el escaso y difícil dinero de la red…