Tomen nota de la palabra fracasa, porque ahí reside todo. Uno pensaba que de lo que se trataba era de la televisión pública, su calidad (esa palabra esotérica), su defensa de no sé cuántos valores, la pluralidad, la identidad y esas mandangas que justifican el poder de los políticos sobre nuestro dinero (perdón por la soflama). Y noticias como ésta ponen en evidencia en qué reside el verdadero debate. Puede que porque los que fabrican las noticias son empresarios de comunicación y, como tales empresarios de comunicación, por lo que están preocupados es por las cuentas de resultados del sector. Ah, el fin de la publicidad en la televisión pública sólo tiene por misión el que las empresas privadas sigan viviendo opíparamente en ese oligopolio (perdón, jardín cerrado) que es la televisión en abierto basada en licencias y concesiones.
Es un ejemplo porque no son los únicos en poner el acento en el problema de otros. Sí, bien está en llamar la atención del por qué han de ser las empresas de telecomunicaciones las que paguen la fiesta, que es uno de esos escándalos-chapuza que rodea todo lo que tenga que ver con el enorme dedo de repartir favores y dineros en la comunicación. Una sorpresa es que haya grupos de trabajadores de estética sindical que se opongan: mí no entender, el mundo laboral de RTVE ha sido y creo que sigue siendo excepcionalmente mejor que el del resto (a lo mejor es por eso), y se supone que la tradición sindical es en pro del servicio público, sea lo que sea eso.
También lloran los publicistas porque no van a poder vender tantos GRP’s, por ejemplo: qué interesante, ¿será que ahora van a tener que pensar en la comunicación de otra forma y convencer a sus clientes de que dediquen el dinero a otras cosas?. Como se ve en el caso francés, parece que la gente no está dispuesta a gastar más. Las proyecciones que realizan las agencias de medios españolas no son nada optimistas con lo que pueda pasar aquí. Y eso en un entorno recesivo donde la publicidad se contrae cumpliendo con su tradicional valor cíclico. Si hablas con veteranos observadores del sector no tienen pelos en la lengua y te dicen que lo lógico es que se lo ahorren. Más publicistas desencantados hablan de subidas de precios y que cómo puede ser esto. Otros se quejan de que las jugueteras van a tener problemas con sus campañas navideñas: madre mía, publicidad a los niños, ese bien que se ha querido siempre regular y proteger ¡mucho más en las cadenas públicas! (al menos, esa era la teoría).
¿Y qué hacen los directivos de la televisión pública por antonomasia? Quejarse de que no pueden competir y, dicen los rumores, comprar contenido a toda pastilla para comprometer el gasto para un par de añitos y luchar por eso que les importa tanto: ser líderes. Enhorabuena, porque en verdad lo han hecho muy bien, ¿pero nadie quiere ver la fascinante oportunidad de hacer televisión, con semejante presupuesto, sin la presión de esa cosa que pone Sofres en las casas y que casi han de matarte si descubres quien lo tiene?. Yo tengo noticias de uno, lo digo por si ven que mi cadáver aparece fotografiado en Facebook, ese sitio de donde he sido proscrito.
Como creo que es notorio mi convencimiento de que la televisión pública entendida como ese gran servicio (sic) universal propio de las europas es, simplemente, innecesario en los tiempos que corren y que más valdría cerrarlo definitivivamente porque, simplemente, o no puede cumplir su función o expulsa al resto de la sociedad en su intento por hacer y difundir contenidos de modo libre, comprenderán que me lo pase en grande confirmando mis peores temores:
- A nadie le importa eso de la tele de calidad. Ya sé que me reitero, pero observen como ni la mismísima cúpula rectora de RTVE dedica un solo segundo a hablarnos de la oportunidad que tienen de dedicarse a nuestro mejoramiento moral e intelectual sin tener que producir Mira Quien Baila.
- Ningún medio, aparentemente, resalta el hecho de que tenemos una gran oportunidad para ver más cultura y contenidos edificantes sin telebasura. Tampoco nos hablan de la espléndida oportunidad que se nos abre para la pluralidad.
- Nadie se está preguntando si ahora el presupuesto de RTVE es excesivo o se han calculado las cuotas privadas (las otras teles y las telecos) para que encajen las cosas de este año y puede que el que viene y luego ya se verá (sí, se ha hecho así). Nadie se ha preguntado qué pasará si un día la cuota del 0,9 no llega a lo que se ha gastado de antemano el ente de nuestras vidas.
Y, en el futuro, ¿qué pasará?. El futuro está en las estrellas, le respondió Mario Conde a Pilar Urbano el día que cayó del cielo y yo no tengo una bola de cristal. Pero en ese ejercicio de agorerismo que tan entretenido es para la vida cotidiana y que si se cobra por él se llama prospectiva, les pongo algunas ideas de un escenario más que probable:
- A su tiempo, telecos y televisiones privadas pedirán que les liberen de sus pagos. Cualquier excusa servirá: una sentencia de un tribunal (está por ver lo de las empresas de cable y telefonía), otra crisis, un no remontar la inversión de publicidad. Cualquier cambio de gobierno que venga libre de sus actos pasados servirá.
- A su tiempo, se considerará que el gasto que realiza para las audiencias que vienen (todas debajo del diez, ya verán) es excesivo.
- A su tiempo, la tendencia histórica de RTVE a gastar más de lo que ingresa se manifestará de modo clamoroso (ya pierde un congo, pero están tratando de que se vea poco). Recuerden que toda esta cantinela del gran servicio público que debía ser empieza por un déficit que aumentaba año a año como una bola de nieve. Y que ha bastado un año tras la limpieza que hemos pagado todos para que regrese. Y digo un año porque, en realidad, nunca se ha ido: la contabilidad hace maravillas.
- A su tiempo, los directivos que tan bien lo han hecho (lo digo sin retintín, lo han hecho bien), por puro ciclo profesional y puede que por cansancio de no poder hacer lo que está en sus genes (competir), se irán a ganar mejores sueldos al sector privado. Con total legitimidad y lógica, que nadie me interprete mal. Y vendrán otros, elegidos en otro ciclo político y con mandatos morales diferentes sin compromiso con la visión actual (esto no quiere decir que sea mejor, será otra, un otra que tendrá que ver con el corolario que viene a continuación).
El corolario: más pronto que tarde, habrá una reducción de presupuesto. Y nuevos ajustes de plantilla lo más finos y menos costosos que se pueda, que en este caso siempre resulta gravoso. Poco a poco, otro mastodonte de la comunicación será víctima de los cambios que afectan a toda la sociedad digital y se transformará de la cara y lenta manera que lo han hecho todas las empresas públicas a lo largo del tiempo. Y nunca volverá a ser lo que fué en el siglo XX. No pasa nada, el mundo es otro y, por supuesto, tendrá lo que se supone que tenía que ofrecer sin necesidad de que se haga bajo las siglas RTVE, que tardarán mucho en extinguirse si es que lo hacen: cultura, entrenimiento y pluralidad estarán garantizados fuera, es lo que tiene la promiscuidad digital. A ver qué terminan proponiendo para justificar su vida. Algunas cosas tienen, incluso interesantes desde eso que les preocupa tanto que es la imagen de país, ¿pero serán capaces de hacerlo?.
Créditos: la fotografía es de dominio público, pertenece al archivo del Nationaal Archief de los Países Bajos.