La Nueva Industria Audiovisual

Las cuentas pendientes del marketing de PVR’s (y otros cacharros fronterizos)

Esta mañana conversaba con un fabricante que me ha dejado un aparato para que lo pruebe. Resolvía algunas dudas y puñetas que surgen cuando uno conecta cosas a los ordenadores. Y terminamos comentando las dificultades para dar a conocer la categoría entre el público masivo. Precisamente, en un debate lleno de llamaradas (no de cólera, sino de pasión) que se produjo sobre un post mío en las páginas de Javier G. Recuenco, se discutía sobre el papel de las grandes cadenas de distribución en la difusión de este producto. Y una cosa lleva a la otra.

Servidor no es ninguna clase de especialista en marketing de consumo, ni mucho menos de electrónica. Digamos que manejo cuatro palabras para que cuele, pero los que saben son otros. Con todo, hay una serie de observaciones que me parece que tienen todo el sentido y que espero que los polemistas mencionados entren a ampliar o rebatir.

Primera observación: el que tiene un PVR no lo suelta. Cualquier conversación con el feliz propietario de uno de ellos, termina siempre con frases del tipo «mi vida ha cambiado» o «no vuelvo atrás». La experiencia de controlar el consumo es tan fuerte, que son evangelistas convencidos. En el caso de los que tienen iplus, por fin encuentran sentido a pagar la subscripción a chiquicientos canales. Por tanto, si esto es la bomba ¿por qué nadie se lanza a venderlo? Supriman cosas como que la TDT no había llegado y tal. Sumen el hecho de que impulsa TDT está mantenido por las teles a las que les destruye el modelo de negocio. Pero, si usted se llama Corte Inglés que, encima ha sido accionista de CanalPlus (es decir, que conoce estas cosas), ¿a qué esperan?

Segunda observación: el nombre PVR, necesita un revamping. No digamos si hay que empezar a explicar que un PVR y un DVR son dos cosas distintas. Es para techies. AppleTV, es AppleTV.

Tercera observación: ¿Por qué todos tienen nombres de misiles o cohetes espaciales? M-quinientos no sé qué, giga algo, EVE1000 o similar. Todos esos nombre son parecidos a los aparatos reales, de los que soy incapaz de recordar ninguno. Otra vez: AppleTV es AppleTV. Una razón por la que me gusta el nombre PomeloTV, así, de paso, y sin que en principio – pero sólo en principio – tenga nada que ver. Pero voy dando a entender. Ni siquiera me gusta demasiado In-Out: he visto demasiado cine y eso para mi es una película de Tom Selleck y Kevin Kline en la que uno sale del armario.

Cuarta observación: nula diferenciación en los lineales. Entre las marcas blancas y semiblancas y las marcas que quieren hacer una propuesta de valor no hay quien perciba nada. Todas las cajas amontonadas en cualquier sitio, pegadas a la TDT y sin que la cartelería ni nada permita acercarse, diferenciar, sugerir, desear. Ya, ya sé que estas cosas cuestan dinero y alianzas con los retailers… pero quince millones de hogares… cuando sabemos que el que lo tiene no lo suelta… es demasiado bueno para no querer vender ¡en tiempos de crisis! un producto que puede presentarse como el ocio más rentable del hogar. Ni qué contar si permite conectarse a internet, en una época en la que hasta el portero de tu casa descarga lo que quiere.

Quinta observación: ¿Nadie hace demos? ¿Nadie lo ha intentado? En fin, esto se vende mostrándolo, no amontonando cajas en las estanterías. Ya nos dirán: sin dinero para hacer prensa, spots, radio – esas publicidades tan antiguas – la guerrilla es lo que queda y los medios sociales son una bicoca… Vamos, yo probaría hasta las mismas técnicas que la venta de tuppers y vaporetas, si lo veo en mi vecino, quiero otro. Apple ya tiene su espacio y no se ha lanzado al AppleTV: qué simple.

La television personalizada y todos los cambios que, de verdad, favorecen al consumidor y el pequeño productor pasan únicamente por la generalización del consumo alternativo al lineal. Y eso se tiene que hacer en el televisor, no en el PC. Bueno, lumbreras, me contesten, despotriquen.