«De ahí la importancia no sólo de conceder ayudas, sino de vincular la concesión de ayudas a la obtención de resultados. Una sociedad que mantiene una red de individuos que logran acceder a ese dinero público sin haber hecho otro mérito que el amiguismo y el clientelismo político, y que el trabajo resultante sea pobre en calidad, es una sociedad con un tumor. Es una sociedad injusta, y la ciudadanía expresará su desacuerdo. No es justo que el que haga menos méritos pase delante del que hace más. Como tampoco es justo que pasen unas personas por delante de otras por motivos de raza, sexo, ideología o religión.
Por eso la nueva orden no es perfecta ni justa en otro de sus apartados: el del erróneamente denominado Ley de la Igualdad. Que las directoras tengan una bonificación sobre los hombres, simplemente por su condición sexual, no es justo. Como tampoco lo sería que lo tuvieran los hombres de etnia negra, o las mujeres de religión musulmana, o los gallegos que hablan gallego. Y todas estas protecciones especiales no son otra cosa que el resultado de la presión ejercida por un lobby concreto. Cuidado. Lo mejor para las mujeres -como para el conjunto de la sociedad- no es que más mujeres dirijan películas, ni que vayan a la Luna, ni que sean catedráticas o que abran bares. Lo mejor para las mujeres -y para el conjunto de la sociedad- es que las mejores mujeres y hombres accedan a los mejores puestos y oportunidades».
(¿Le perdonarán la vida? Eso de decir que hay amiguismo… Este artículo va a dar que hablar)
(Añado: ¿se entrará en la oscura cuestión de la compra de taquilla? Se han oído vientos de que sí, eso si permite premiar el mérito)