La Nueva Industria Audiovisual

Paseando entre managers y comunidades virtuales

Había alegría en sus palabras: se había conseguido ser trending topic. Había bastado un puñado de personas encerradas en un local con unas pantallas y su conversación escalaba posiciones para alcanzar el umbral de la importancia. Han llegado esos días en que hay que poner un manager en su vida, hacer un curso para reciclarse y si se es joven y se está en paro, hasta se puede tener la fortuna de que Fanta le pague a uno un ejemplar proceso de formación para gestionar comunidades. Nada menos.

No he prestado mucha atención a la cuestión Fanta que, parece ser, ha indignado a ciertos representantes de lo que escuché que es una nueva profesión. Con el debido respeto a los indignados y a Fanta, lo divertido de la cuestión es que, seguramente sin querer, unos y otros ponen en evidencia la banalidad y la espuma de mucho de lo que rodea este extraño advenimiento de las redes sociales como trono de una especie de revolución universal que adquiere tintes de liberación o nueva frontera: si ser sabio del tema se regala desde la publicidad de toda la vida, es que lo community se ha puesto arriba en el índice de lo más guai. Miento: lo más cool. Y la revuelta indignada proviene de una especie, que me perdonen, de intento de corporativizar la cuestión y no se sabe si de repartir carnés oficiales.

La cosa se pone sospechosa cuando emerge el enésimo debate sobre si las empresas deben estar en las redes sociales para, instantes después, descubrir que redes sociales significa facebook más twitter y ya está. Hubo hace no tanto un tiempo en que lo de tener una cuenta twitter era como estar en familia, lo que no quiere decir que quienes la tuviéramos fuéramos especialmente importantes, pero seguramente lo pasábamos mejor porque era un pueblo. Ahora, muchos de los del pueblo son personas relevantes en parte gracias a su visibilidad en la cuestión: una buena cosa es que esas personas siguen pensando como pensaban y tienen la misma mirada escéptica y seguramente preocupada ante la riada: community managers al peso, creación de perfiles falsos por doquier y todas esas cosas que los viejos del lugar ya saben las consecuencias que tiene.

Y esto sin darle una vuelta crítica al desarrollo de la sociedad red y sus conflictos: estoy por ver un sólo encuentro sobre los medios sociales en los que aparezca una mirada crítica al empleo de las herramientas de moda más allá de lo que es una medio mentira: eso de la privacidad. Facebook ha explicado cómo determinan la raza del usuario sólo por cálculo de probabilidades con el nombre del sujeto/a, en prueba de que es más importante conocer el grafo social que lo que cuentas para saber cosas de tu vida que, en realidad, no esperabas que se supieran. Por supuesto, ni una palabra sobre la facilidad con la que Facebook y Twitter ejercen censura cuando tienen suficientes motivaciones para ello. Pero, supongo, para eso habría que discutir lo que es una red verdaderamente, cómo se construye una comunidad verdaderamente y diferenciar entre lo que es formarse en usar unas herramientas y lo que es crear relaciones y nutrirlas, por no hablar de la soberanía de tus datos. Seguramente, las malas noticias es que si es verdaderamente sea menos interesante para muchos, especialmente los que pagan la fiesta.

En los ochenta el chiste tontorrón era referirse a ese ritual de iniciación de ceremonias de apareamiento entre machos y hembras con el ahora clásico interrogante ¿estudias o diseñas?: parecemos en camino de acercanos por la vía de si estudias o eres community manager. No, pondrá en su bio «apasionado de los medios sociales». Pero, me parece, la sangre no llegará al río. Todo esto son humanos juegos florales y la espuma, es lo que tiene, tiende a ser evanescente y se disuelve. Como todas las euforias, pasará. Y quedará lo que sirve. Incluído lo que contiene de riesgo.

P.D.: a todo esto, hoy no hablo de televisión ni de vídeo. ¿O sí?