Es de agradecer que Fernando Savater advierta sobre el absurdo de denominar «internautas» de modo genérico a todo quisque y creando una categoría cuasizoológica para definir a una parte de la sociedad que, tantas veces, ni siquiera sabe por qué protesta. Otros sí lo sabemos. Pero debería ser consciente de que esa denominación – «internautas» – la han creado medios masivos como el periódico en el que escribe con tanta frecuencia y, normalmente, con tanto gusto y elocuencia. Es decir, no es un invento de «los internautas» que se oponen a Sinde y algunas convenciones de la era industrial y de la Ilustración, que sé que es uno de sus campos favoritos. Que los que piden el derecho al olvido sean los mismos que piden que los gobiernos no tengan secretos – wikileaks – es algo que sólo dice él. Que se piense que habrá mejores autores que los reputados por el sistema porque el mundo red sea otra cosa, sólo lo dice él, que no conozco ningún internauta que lo diga. Y, si lo dice, refutaría la idea de «internautas». Que los de Mad Max – salvajes – sean los internautas y no tenga ni una palabra para los contratos abusivos de los defensores de la cultura ya resulta chocante. Y, viniendo de un señor filósofo, que nos diga que descargarse una canción es igual que robar un Rolex termina con todas las acepciones de la perplejidad.