La Nueva Industria Audiovisual

El cine español y los blogs

A través de Twitter, me atreví a sugerirle la otra mañana a Pedro Pérez que se creara un blog. Lo venía pensando hace tiempo al ver el interés con el que entraba y participaba en la red. Es una voz importante, y lo hace para explicar las posturas – supongo que también personales – del grupo que representa. Los enlaces que aportaba, sus comentarios, iban todos dirigidos a explicar los argumentos que expone su industria con motivo y sentido común. La limitación de espacio que impone Twitter permite señalar, apuntar o sugerir, pero con enorme dificultad puede elaborar argumentos o participar de una deliberación, por agria que se pueda tornar.

La explosión del caso Sinde y sus derivadas en el caso Alex de la Iglesia ha traído al menos la visibilidad de una importante entrada de personas importantes y decisivas de la industria cinematográfica en un servicio como Twitter. Estaban ya Juan Carlos Tous (que se le conoce por Filmin, pero Cameo ya era una distribuidora importante) y Manuel Cristóbal (siempre vinculados a las nuevas tecnologías y con algún premio en Ficod para Perro Verde, su productora), pero ahora aparecía no sólo Pedro Pérez, sino que encuentro a Fabia Buenaventura (Directora General de Fapae), al despacho de abogados de Suárez de la Dehesa (un clásico en el cine), Andrés Vicente Gómez, y a Pancho Casal, el hombre de Continental Producciones. Me dejo mucha gente porque son muchísimas personas, productoras y medios especializados: en realidad la extensión como mancha de aceite de las redes sociales y plataformas mayoritarias, tanto es el espacio que le dedican los medios convencionales, tiene que abarcar a todos los espacios y dejar de ser sólo refugio de eso que en inglés llaman early adopters y que tienen a concentrar a públicos muy específicos. Ya no lo son y adquieren efecto red.

En el camino, me tropiezo con el blog de Pancho Casal. Y me sorprendo. Porque lo que veo en sus últimos posts es la exposición del valor de los blogs en su máxima expresión. En estos días ha corrido como la pólvora por internet una entrada de Mi Mesa Cojea con un resumen simplificado e irónico de prácticas más o menos bien contadas de lo que es producir cine en el marco español. Al poco, aparecía un artículo de Borja Cobeaga en El País titulado Nos Odian que ha sido seguido de una explicación del odio por parte de Ricardo Galli. Mi Mesa Cojea decide sacar sus conclusiones en un nuevo post. Y, de momento, creo que la cadena de explicaciones termina en Pancho Casal respondiendo por dos veces a este entorno y comentando en alguno de los otros blogs. Los unos respondiendo a los otros, argumentaciones cruzadas que enriquecen el debate.

Resumiré, a la vista de todo esto, la cuestión de por qué blogs y más blogs para la gente del cine:

En esta vida, no todo es Facebook digan lo que digan los periódicos. Hay mundos más allá. El blog es un universo propio que, bien conducido (por favor, Pancho, ponte dominio propio en cuanto puedas), otorga poder a quien lo tiene: es dueño de su plataforma, de los contenidos, de su presentación, decide cómo se puede comentar en su espacio y quién puede hacerlo, puede cambiar de sitio con poco coste porque controla sus archivos. Eres dueño de tu reflexión. ¿Que no están de moda? ¿Que los leen pocos? Las modas ya se sabe, lo de pocos puede ser una bendición: en un consumo y diálogo de masas sólo emerge el ruido y el mínimo común denominador del gusto, que pocas veces es atractivo para sensibilidades más sofisticadas. Perdón por el elitismo.

Curiosamente, yo no hago más que ver como grandes organizaciones, instituciones y políticos relevantes se crean un blog. Y no son para todo el mundo, sino que concentran a las personas con verdadero interés en los temas y que son, la final, las que terminan influyendo en los criterios de otras personas. Ante debates complejos, y los de la propiedad intelectual y los negocios audiovisuales lo son, conviene disponer de herramientas complejas para discutir con la sociedad. O para saber bien lo que piensa uno. A fin de cuentas, el tinglado del cine no se sostiene sin la intervención del sector público de muchas formas y sean cuales sean los argumentos injustos con los que se le critica (que hay unos cuantos,  lo que no quiere decir que no haya otros muy pertinentes) parece por lo menos útil dialogar con la sociedad allá donde esta dialoga. Y reitero que se lo van a pasar bien.