La gente suele decir con mucha alegría que las últimas revoluciones suceden gracias a Facebook. O que el activismo se da – en buenas condiciones – a través de esta herramienta. Si la cosa va en serio (es decir, cuando te arriesgas de verdad), para la policía es lo más sencillo del mundo identificar a todos los rebeldes: fotos, identidades bastante reales, el grafo social perfectamente dibujado. Ver al capitoste de Google en Egipto regalando a un posible represor la identidad de todos sus seguidores no tiene precio. Los blogs son menos controlables y más anónimos. Pero en fin. El vídeo tiene también riesgos: mostrar tu rostro no parece lo mejor cuando las cosas se ponen feas. YouTube hace tiempo que dio unos consejitos en asociación con Witness. Hace poco esta organización vuelve a la carga y dedica una entrada a dar consejos para garantizar el anonimato a los proveedores de servicios.