La Nueva Industria Audiovisual

Mitos sobre internet que derrumban sus "creadores": mediciones y credibilidad

Uno de los pasatiempos favoritos de los medios convencionales ha sido atribuir a internet una falta y un defecto: la falta era que se carecía de rigor, que cualquiera escribía y decía y no había forma de discriminar lo serio de lo informal o manipulado. El defecto, las supuestas dificultades para medir que, en realidad, no es más que la dificultad para acordar medidas homogéneas para el reparto del dinero de unos anunciantes acostumbrados a una manera de trabajar.

Pero esta semana, desde esos mismos medios, llegan vientos y recados que demuestran lo que es confundir, como decían en mi pueblo, el culo con las témporas: PRISA/Sogecable (cuyos directivos más sonados han hablado de lo mucho que hay que hacer en internet justo después de haber atribuido todo tipo de males a los informadores y comentadores de la red) ha anunciado a bombo y platillo como sus propios estudios demostrarían que la audiencia del fútbol de pago es varias veces superior a la que la biblia oficial del sector, TNS-Sofres, dice.

Curioso, porque no sé si desde Cuatro interesa también poner en solfa un sistema que mantiene el statu-quo pero que todo el mundo reconoce en privado lo insatisfactorio de su medición. Es decir, los problemas de medición son muchísimo más serios de lo que parece pero no merecen ataques en toda regla a un sector o un segmento del mercado como los pobrecitos creadores de internet. ¿Será que hay mucho anunciante haciendo de Don Tancredo? Casualmente, los canales temáticos se han tenido que asociar para poder explicar las bondades de su producto, en un movimiento que suena a que, incluso serias empresas establecidas, con impresionantes multinacionales en sus filas, piensan que algo huele a podrido en Dinamarca en lo que respecta a la forma en que se mide y reparte la inversión publicitaria y tienen que encontrar la manera de penetrar dentro del sistema y mostrar que tienen algo que ofrecer. Se parece un poco al déficit de credibilidad como soporte que tiene la red.

Algún amigo en cenas conspirativas me cuenta cómo se ha encontrado que sus posibles patrocinadores han sido advertidos por las agencias de publicidad de que no se vayan a internet. Y, claro, no van. Comprendo a estos hombres: lo que quieren es vender las cosas de su fábrica y no desean mayor glamour o modernidad. Donde la comunicación les funcione para vaciar supermercados, allá que van. En el fondo, es simple. Quizá el consumidor no es tan sofisticado como para buscarlo en internet. Pero que no pongan la excusa de las medidas, por favor.

Simultáneamente, Chica de la Tele reproduce un vídeo de vergüenza ajena y escarnio: una manipulación del audio de un clip de vídeo que envuelve nada menos que al jefe del estado para tratar de mostrar una tesis de lo más interesante para el espectáculo de esa telenovela/reality que es lo que se suele llamar corazón. Por una cadena nacional. Ya decían los viejos periodistas aquéllo de que la realidad no te estropee una buena noticia. Estaríamos pues en el verdadero debate: quién tiene buenas prácticas de trabajo y quién adquiere crédito con los lectores/espectadores y quién no lo tiene. Pero la mentalidad generada por la escasez (en términos de Anderson) inherentes a los medios convencionales, la sobrevaloración de los periodistas estrella, de las cabeceras de sus diarios y revistas hace que todo lo que no sea tinta sobre papel (o el parte de radio y televisión) parezca psicológicamente que carece legitimidad. Bueno, acaban de enseñarnos que no es así, si a alguien le quedaban dudas.