Las damas y caballeros que se esconden bajo el apelativo Zemos (¿zemos nosotros?) tuvieron a bien hacer una de esas cosas que les distingue durante el último EBE. Nos pusieron un bigote, un sombrero y unas gafas y se obró el milagro: ya fuimos Armando Zaplana. Aunque tiene una genética camaleónica y un cierto aspecto mutante. Ah, que se dice fake. Pues busquen el mío.