La Nueva Industria Audiovisual

Los contenidos de video online funcionan, pero siguen sin encontrar credibilidad para sus modelos de negocio


Qué Vida Más Triste surge de la red como forma de expresión de creadores audiovisuales que quieren hacer cosas. Tiempo después, alguien lo compra y lo pone en las televisiones normales. Si nos pusiéramos intelectuales, podríamos aventurar que el modelo de negocio es testar conceptos y encontrar compradores del concepto. Pero todos sabemos que esto no es así: que en el mar de los sargazos haber encontrado tierra ha sido una sorpresa. Lo que no quiere decir que no tenga sentido invertir con bajo coste la prueba de conceptos y luego subir a primera división, lo que no quiere decir que se un viaje que siempre funcione.

Malviviendo tiene una colección de seguidores involucrados y fans que para sí la quisiera algún cantante. En su web se puede efectuar una donación para los creadores. Ignoro el dinero recaudado, pero esta controvertida forma de financiar producciones independientes y creación abierta en la red no es nada nuevo y hay gente que parece sostener su actividad con ello, por no hablar de servicios que basan su razón de ser en captar esas donaciones. Decir pomposamente que tenemos modelo de negocio en base a donaciones no es una barbaridad, es una forma, pero creo que no es lo que está en la mente de todos si pensamos en una industria de producción de contenidos para los nuevos medios, no únicamente internet, sino para hacer comunicación y entretenimiento (arte también, por supuesto) en el siglo XXI. Al menos, no debiera ser la único visible en el horizonte, aunque un servidor cree que la estructuración de estos servicios de forma que se genere confianza y seguridad de los que contribuyen puede tener un excelente futuro.

Durante una de mis clases en Tracor ilustré algunos momentos de la creación de contenidos de ficción para la red con un episodio de Becarios. No era lo que pretendía, pero tuvo un enorme valor para mí: al verse en una sala con 20 personas y comprobar cómo se reían todas a la vez en los mismos sitios al tiempo que veía una audiencia pendiente hasta el final, por mucho que yo pensaba poner unos pocos segundos, tuve que reflexiona. En verdad, el contenido funciona, funciona tan bien como cualquier otra serie de humor que funciona. ¿Por qué es imposible financiar esto con publicidad?

Becarios ha tenido un patrocinador de unos episodios cuya incorporación ha sido harto compleja. A pesar de ser Telecinco y a pesar de tener una organización comercial impresionante, no ha habido forma de crear un flujo que, como tal, se pueda considerar una base de trabajo para que exista una industria de ficción (y no ficción) alrededor. Cálico es el mayor éxito de público de contenidos nacidos en el online, y continúa luchando por desarrollar su producto a través de otros canales de distribución a pesar de haber contado con buenos apoyos de empresas consolidadas.

¿Qué falta, pues, para construir un mercado? Los espectadores se ríen y proclaman las bondades de todos estos productos repletos de fans. Luego ya veremos si los costes son los que tienen que ser (no siendo, de entrada, nada extraordinarios) o si hay que trabajar otros aspectos para que un anunciante ponga su nombre y su dinero al lado. Son productos, además, realizados asumiendo el riesgo desde el origen, no financiados con preventas. No sólo ha sido el caso de QVMT, sino que más de estos creadores han tenido como resultado colateral el hecho de que las creaciones de la red han servido de tarjeta de visita para recibir otros encargos, aunque nadie se lo propusiera. Pero ¿ha de ser así? Seguramente, también ha de ser así, pero ¿todo?

Convertir la producción audiovisual para la red en un fenómeno económico es una asignatura pendiente y siempre queremos pensar en los defectos del mercado publicitario actual para justificar que buenos productos no tengan la financiación que tienen comparándose con audiencias y productos del mercado normal. La respuesta estaría, entonces, en la debilidad genérica de los hábitos del mercado y de los propios desarrolladores de las ideas que no contarían con la credibilidad suficiente para captar ese tipo de anunciantes y patrocinadores que puedan estructurar un mercado. Estructurarlo, significa que exista oferta, demanda y prácticas comerciales de cierto consenso, no que no exista riesgo o que todo sea viable.

Por supuesto, no todo es un desierto y hay ejemplos de experimentos y publicidades, incluso dentro de los comentados. Pero faltan cosas y no puede decirse que no sea porque los productos no reúnan los requisitos más primarios, su capacidad para involucrar una audiencia. ¿Y al envoltorio? Habiendo algunos representantes de la industria audiovisual tradicional en este proceso, me cuesta creer que ese sea el problema exclusivamente. Tengo mis opiniones, pero será un placer escudriñar lo que opinan los aquí presentes, oh lectores.