Sorprendentemente, al menos dos veces en los últimos tiempos he realizado mi correspondiente zapping para encontrarme con que el mismo partido de fútbol se ve en dos canales simultáneamente: una cadena estatal – es decir, salvo detalles, cobertura completa del territorio, más en TDT – y una red de cadenas públicas.
Si las televisiones públicas buscaban la forma de decirle a los votantes en dónde reside su verdadero valor para que alguien piense si tienen sentido, no han encontrado algo mejor: a) una programación que ya da el sector privado sin que haya que tener déficit y b) una mínima vocación por la diferenciación.
De verdad, ¿no exige repensar de una vez si las monstruosas cadenas públicas tienen un rol en la sociedad multimedia y en la era de internet? Como decíamos ayer, generan además una fuerte competencia contra los creadores de contenidos minoritarios en la red que no pueden tener las pérdidas ni las subvenciones de los medios públicos.