Un servidor que ha visto pasar facturas y movimientos de dinero, que ha escuchado los relatos de conocidos y menos conocidos sobre las formas de obtener ese dinero puede decir tres cosas: una, que nunca podría probar nada en un juzgado pero que tiene certeza moral del color de lo que ha visto y oído; dos, que reconocer la existencia de fraude es un hecho de extremada importancia y que, parece ser, no genera la polvareda que tendría en otros casos; y tres, que uno no sabe si eso es igual de bueno o malo que en la agricultura u otros sectores pero que, con toda seguridad, tiene más calado político (piénsese en la conexión fraude más cánon incorrecto). Implícitamente, viene a poner encima de la mesa uno de los problemas del mero concepto de «subvención», marco de trabajo con el que un servidor de ustedes se siente conceptualmente incómodo aunque, como sucede con El Cosmonauta, no se tenga más remedio que cruzarse con él. Otra cosa es, como este ejemplo muestra, que no es sólo el cine quien vive de ello, lo que no significa que se tenga que vivir toda la vida del dinero de los demás como parecen sentir en el fondo de su ánimo tantos protagonistas del sector. Como podría decirse de las minas y el carbón.
Úsabamos en mis años de consultor de organización una cita de Maquiavelo para explicar la resistencia al cambio (un concepto que se puso muy de moda en los últimos ochenta y primeros noventa) que rescato de wikiquote: «No hay nada más difícil de emprender, ni más dudoso de hacer triunfar, ni más peligroso de administrar que la elaboración de nuevas leyes.» Yo creo que Guardans era más que consciente de la dificultad y mérito enorme tiene y ha tenido la voluntad de modernizar y ajustar un sistema bastante viciado por decirlo suave (dejo aparte mi preferencia porque el esquema fuera otro). Mi conclusión es la misma que la del productor amigo: el que mejor lo ha hecho. En su nombramiento, escribí una especie de decálogo escrito desde el escepticismo sobre líneas de trabajo a seguir desde mi mirada digital y abierta del mundo audiovisual. Justo es decir ahora que su camino se ha parecido más a la búsqueda de la renovación y actualización del sector que al sostenimiento del anquilosamiento inspirado en el maná público que era lo que cabía esperar de la inercia del sistema. El combate frente a eso sería la esencia de ese «decálogo». Ya me dirá el que quiera qué tal se lee un año y medio después, a la velocidad que cambia esto.
Pero la entrevista, breve, o que se hace despiadadamente demasiado breve, no tiene, como suele decirse, desperdicio. Aquí resume todo un estado clínico:
Hay productores que han vivido muy alegremente, haciendo unos cálculos financieros en los que tenían un enorme peso la ayuda ministerial, la ayuda autonómica y las televisiones públicas. Se les ha caído esta parte del plan y no tienen otra. En España, con una industria extraordinariamente débil, todo eso crea una incertidumbre y un miedo que se puede afrontar con decisiones arriesgadas para ir hacia una nueva industria, que es lo que están haciendo algunos productores españoles, o caer en el pánico que lleva a quedarse anclado y que papá Estado nos saque de esta. Y esto difícilmente podrá ocurrir. Sigo defendiendo las ayudas públicas al cine, pero que se den con transparencia, con control y a quien cumple los requisitos para tenerlas. Por haber verificado eso y haber exigido que eso fuera así han venido algunos de mis disgustos
Y más:
Aplicar la palabra reconversión al cine a algunos les pone muy nerviosos, pero han saltado por los aires el modelo de distribución, la manera de hacer cine, la industria que hay detrás, toda una generación ha dejado de ir a las salas… El cine español tiene una enorme calidad y prestigio, pero buena parte de los productores no se han preocupado de su público, porque su dinero no venía de la taquilla. Eso que se llama eufemísticamente el sector debe asumir el mundo en el que está.
Si no tuvo pelos en la lengua durante su estancia en el ministerio, parece que sigue sin tenerlos:
…en el caso del cine uno está permanentemente vigilado por los propios destinatarios de las ayudas públicas, que acaban decidiendo, como se acaba de demostrar, quién conviene que esté allí y quién no conviene que esté allí, que acaban, directa o indirectamente, contribuyendo a decidir quién quieren que sea su interlocutor
Es decir que, a buen entendedor, pocas palabras bastan. Pero, por si acaso, estaba anticipado:
El móvil de la ministra sólo lo tiene la gente del cine, y allí hay una correa de transmisión de los descontentos
Uno piensa que, probablemente sin querer, no sabe hasta qué punto ha retratado los males de un sector por lo que se puede llegar a concluir que, si se mira en frío, todavía requeriría más dosis de radicalidad. Los nombres y apellidos de los protagonistas del fraude que se menciona serían una buena forma de empezar y quedo a la espera de que algún periodista se lo pregunte a la ministra del ramo en la primera ocasión que tenga. El refranero, en su infinita sabiduría, puede que tenga el final previsto: otro vendrá que bueno te hará.