Si atendemos a las cosas que sabemos y que se/me cuentan en comidas, vinitos y encuentros ocasionales sobre las cifras de las otras cadenas comprometidas a fondo con el consumo online de la oferta televisiva tradicional, no estamos ante un fenómeno único. Así que estaríamos ante el inicio del cambio real y profundo de la forma de consumir televisión (eso sí, de los contenidos de la televisión, que a los otros no les ha llegado la hora) en el que el personal de a pie inicia una personalización generalizada de su pauta de ver: cuando quieren, lo que quieren con permiso de la Ley Sinde, y como quieren: interesantísimas estadísticas de consumo a través de tablets, consolas y otros artefactos en cierto detrimento del pecé. Hello, Jobs.
Pero muchísimo más interesante se vuelve la urgencia incipiente de transformar el producto: más que nunca, cuando los seguidores de TV3 se han acostumbrado a la maleabilidad del consumo online, se percibe la necesidad de que lo que está en la red no sea exactamente lo mismo que lo que haya en antena. No por ser modificado, sino por ser adicionado. El no condicionamiento a la pauta horaria de la continuidad lineal tradicional, junto a la interactividad propia de la red, conduce a las gentes de TV3 interactiva a pedir a sus creadores que amplíen su producto con la experiencia de red.
Simultáneamente, tropiezan con la incomprensión de los usuarios al sistema tradicional de venta de derechos que excluye internet si no se negocia. En palabras de Santiago Miralles, el director general de TV3 Interactiva, el usuario «lo quiere todo» en su tele a la carta. Y si el fútbol está en antena, lo quiere en la red. Ya dicen los libros que cuando aparece un nuevo medio se inicia replicando los medios anteriores hasta que encuentra su lenguaje y su forma de hacer. Estamos ya ante pieles que sienten la urgencia de terminar de replicar el traslado mimético del lineal a otra cosa. Que, en el fondo, no sabemos bien lo que terminará siendo.
La oferta amplia, bien hecha, sofisticada y completísima ha creado su demanda y, como cabía esperar, conduce a lo evidente: que el público personaliza la experiencia y no quiere una relación pasiva con el contenido. Y no tiene vuelta atrás.
PD: números, cifras y detalles los tiene Juan perfectamente reflejados. Lo contaron todo ayer en una agradable presentación y comida en Blanquerna.
Actualización: os dejo la presentación de Santiago Miralles que se explica por sí misma.