Lo cierto es Digital Plus ya tiene diseñada su oferta completa de grandes contenidos de deportes, series y películas no sólo en consumo bajo demanda gracias al iPlus, sino que ya es posible bajarse también algunos de ellos por la red si se conecta el aparato a la red y, dicen en su revista, con acceso desde el ordenador en fechas próximas: la estrategia perfecta de fidelización a partir del cuando quiera, como quiera y donde se quiera con los mejores derechos posibles está cerrada y vista para sentencia. Es redundante hablar ya de la sofisticación de los servicios online de TV3, RTVE o las grandes cadenas privadas. Y el resto de autonómicas quieren estar en el juego.
Salones conectados
La venta de televisores conectados es una realidad: los fabricantes manejan previsiones de venta nada desdeñables por la pura rotación natural del parque y la conexión viene por defecto preparándose de diversas maneras para ofertar servicios de películas y otros contenidos que permitan generar ingresos: mi amigo Ancude saltaba de alegría probando todas las virguerías que encontraba en su SONY Bravia conectadísimo. Estamos pendientes de cuestiones de estándares para los formatos híbridos, pero es obvio que las cadenas españolas, al menos las públicas, juegan con la idea del Hbbtv. No hace falta hablar de la fuerza de las consolas y su uso para ver contenidos bajo demanda, un hecho más que real y bien conocido de las televisiones.
En definitiva: el escenario de la televisión conectada, la personalización del consumo y la convergencia de plataformas es ya una realidad tecnológica y comercial. Hacer de ello algo masivo, obtener masa crítica, ya es solo un problema de marketing: que el usuario medio lo adopte con naturalidad. El primer post de este blog se realizó el 25 de septiembre de 2006 y era una modestísima visión de cómo los mundos colaborativos de la red empezaban a formar parte del escenario del negocio audiovisual. Casi un mes más tarde, un 18 de octubre, me mostraba a mí mismo como un espectador diferente que ya personalizaba lo que hacía: resulta hasta ingenuo con todo lo que ha pasado y lo que puedo hacer ahora. En esencia, el paradigma estaba, la infraestructura no había llegado, los jugadores locales de la industria miraban con extrañeza al mismísimo YouTube y, o mostraban desdén absoluto o, en el caso de pequeños pioneros infiltrados, te mandaban mails comentando y preguntando cosas. Ahora miran estadísticas de su tráfico, inventan formatos, crean contenidos específicos para la red y quieren integrar el fenómeno de las redes sociales en su experiencia de uso.
La sociedad red emergente
Mientras, internet se ha situado en el centro del debate social con tensiones casi inimaginables hace años: las filtraciones de documentos como las de Wikileaks no son nuevas, pero nunca antes habían cuestionado tanto las reglas del juego político, la diplomacia y el periodismo convencional. La ofensiva legislativa a la búsqueda del control de los contenidos que circulan por la red (ya sea por la vía de evitar descargas, ya sea por la vía de anular su neutralidad) es intensa, constante, obsesiva y, por muchos momentos, histérica: la propia dimensión del problema abre un conflicto social en todo el mundo occidental (y el no occidental) que está lejos de ser resuelto.
La industria ha comprendido que sólo es posible sostener sus modelos de negocio y, en cierta forma, sus márgenes creando jardines cerrados, escaseces artificiales donde el usuario no puede salir a su antojo a todo lo que ofrece la red y donde es posible cobrar con sencillez: eso son los televisores que van a la red pero no a toda la red (sólo a las tiendas de películas y aplicaciones aprobadas), a lo que aspira iPad y otros artilugios o lo que genera un modelo de consumo de internet que tiene como centro Facebook. Los contenidos que se ven y se verán en estos sitios son los más amados y hechos amar por la industria de siempre que, en España, está tan concentrada y en tan pocas manos como antes de empezar el festival de pluralismo que nos contaron.
¿El sueño de la democratización de los medios audiovisuales ha muerto? No lo creo, aunque vayan perdiendo este asalto. El hambre de darse a conocer, la capacidad de filtrar talento de la red, seguirá provocando sorpresas. Los contenidos minoritarios de toda la vida sufrirán o, más propiamente, seguirán sufriendo; nuevos formatos de alto valor de producción pero diseñados para su difusión libre es muy posible que lleguen, pero aún están en busca de anunciantes o de su primer Ben-Hur (la pescadilla que se mueve la cola); la búsqueda de modelos de financiación que superen la dicotomía publicidad-subvenciones seguirá existiendo; la irrelevancia de distinguir entre pantallas y ventanas – problema secundario para un adolescente de hoy, comprador del mañana – se irá acrecentando comercial y artísticamente: Digital Plus estrena una serie este mes el mismo día que en Estados Unidos. Pero no todo el mundo es Estados Unidos, aunque sean los contenidos más buscados…
Créditos: la imagen pertenece a la galería de ! *S4N7Y* ! , distribuida con licencia CC.