En una era en la que los grandes contenidos verdaderamente rentables son aquéllos capaces de crear sinergias en bienes físicos, crecer en parques o en shows de televisión, historias adaptadas a formas en las que el mero pirateo o el mero visionado de una película no lo es todo (exceptuando el 3D), en una era en que esos contenidos van a ser – siempre lo serán – escasos, quedarse con una cantera así, es un activo verdaderamente real. Marvel tiene deals con el resto de estudios y una vez vayan venciendo todo quedará en el reino de Mickey.
A muchas personas amantes del audiovisual y el cine les molesta o no terminan de comprender el peso que adquieren este tipo historias y personajes en la gran estrategia de contenidos y de emisión de cadenas y otros actores del sistema: desgraciadamente para historias y públicos minoritarios, la escala de estas empresas obliga a crear productos globales aceptados por públicos mundiales de múltiples edades y que su consumo exceda la propia historia. Las empresas de cómics hace tiempo que están concebidas para crear personajes, que las ventas de ejemplares importen un pito, y vender derechos al cine y compartir los ingresos por licencias. Justo lo que necesitan los estudios.
Y por rizar el rizo: el mundo del cómic de Marvel es, como decirlo, tan de gente de redes sociales…
P.D.: El asunto Bob Iger lo contaba aquí.