La Nueva Industria Audiovisual

Nuevo dominio, seguramente nueva etapa

Y no sólo por la estética, muchísimo más mona (dónde va a parar, vaya podió), sino porque me libero de servicios propietarios y gano libertad personal: mi dominio, mi servidor, estándares abiertos. Supongo que eso no sería demasiado importante si, al mismo tiempo, el contenido dejara de ser interesante. Por supuesto, espero que lo sea. Porque mi vida y mi manera de pensar y escribir no puede ser la misma que cuando empecé este blog que, debo decir, sólo me ha traído satisfacciones.

Han cambiado muchas cosas. En aquél momento, nadie hablaba en la red de cambios que ahora son cotidianos: los intentos de reinventar la televisión desde internet eran un océano de promesas y ahora está suponiendo la transformación de los convencionales, por ejemplo. Y los pioneros están devorados por los cocodrilos, salvo excepciones, algunas maravillosas. La estereoscopía en cine y televisión, me reportaba comentarios siempre dubitativos, y miren donde estamos. No existían cosas como Twitter, Tuenti, Facebook y toda la marea social que está generando interesantes intentos de innovar en la relación con los espectadores. Incluso osábamos hablar de algo etéreo y pasteloso (vulgo cancamusa) como la Televisión 2.0.

Pero todavía más importante, hoy escribe muchísima gente excelente sobre muchos de los aspectos de esta industria con una profundidad extraordinaria: a pesar de que la blogosfera ya no está de moda, el espacio deliberativo que suponen los blogs sigo pensando que es infinitamente superior que la conversación de cotidianidades que se produce en las aclamadas redes sociales. Como hay mucha más gente interesante, he adoptado Feevy para quien quiera estar interesado en todo el universo de la nueva industria audiovisual pueda ver los autores y las informaciones de gente que sigo y admiro. Lo pueden seguir en la columna de la derecha o, más completo (a fecha de hoy, pendiente de algunos ajustes para que aparezcan unos veinte autores simultáneamente) en la página Visiones de la nueva industria.

Un día descubrí que mis posts provocaban más comentarios si se publicaban completos en Facebook que en mi propio blog y decidí que, por mucho que la conversación se haya desplazado de los blogs que tanto queríamos, seguir por ese camino era todo lo contrario al pensamiento que me había formado sobre las redes: depender de un espacio centralizado no es bueno, mejor construir por costoso que sea en tu propio entorno. Así que, aunque tengo mi perfil y verán los enlaces, cosas como Facebook sólo serán un canal para lo trivial (simples postales) y para que el que quiera sepa donde están las cosas que escribo. Así que, si se quieren hacer mis amigos allí, no hay problema, pero no esperen más que juegos inocentes y exclamaciones de quien va por la calle.

En lo que se refiere a mis contenidos, hace ya tiempo que estoy menos atento a cada nuevo gadget o start up que promete una nueva revolución en el vídeo y estoy mucho más atento a los cambios del negocio en sí y a los modelos sociales que entraña. Es mucho más personal, porque supone tomar partido por determinadas ideas de organización de la sociedad. La evolución que están tomando legisladores y grandes empresas por el control de las redes es descomunal. Los problemas que genera una concepción de la propiedad intelectual obsoleta son verdaderamente asombrosos si se miran con perspectiva. Un debate complejo y, a veces, demasiado ruidoso. Añado los problemas que crean también la mentalidad y los intereses creados en torno a la escasez analógica y los modelos regulatorios y de negocio de la era postindustrial de los servicios y la propaganda. Mi posición pretende ser respetuosa con todo el mundo, pero gira en torno a pocas cosas: libertad de emitir y para competir, reducción de la presencia del estado en posiciones de privilegio en la comunicación de masas (lo veo como una competencia desleal y con efectos terribles sobre los contenidos minoritarios que dicen defender) y opto por otra forma de propiedad intelectual y su gestión.

Así, por ejemplo, he abandonado las licencias Creative Commons para mis textos y los he pasado a dominio público. Los motivos son largos, pero pueden entender su inspiración en lecturas como Against Intelectual Monopoly o el trabajo divulgativo y de debate que Juan Urrutia y el entorno de Las Indias Electrónicas hacen al respecto. No obstante, que nadie espere que yo le recomiende a un productor audiovisual que haga lo mismo que hago yo si no tiene un modelo de negocio para ello y, francamente, en el entorno jurídico y de inversión actual (heredero de siglos ya de una forma de entender la propiedad intelectual) las empresas establecidas no debieran hacerlo si no lo conciben como I+D+i. Una cosa es mi posición sobre la sociedad y la agenda a la que aspiro como ciudadano (es decir, una reforma legal), y otra las decisiones que tengo que tomar o sobre las que asesorar a la gente que me paga y que tiene que trabajar con las leyes vigentes. Sí pondré interés en encontrar aquí personas y modelos capaces de crear un negocio partiendo de situaciones de dominio público o cuasi dominio público.

Por último, tengo que dar una serie de agradecimientos. Mi ego crece una barbaridad con el nuevo logo, una cortesía de Joan Jiménez que sigue pensando que soy un gran creador de mi propia marca. Queda bien contado, pero me siento ciego, Joan. Es inestimable la ayuda de Javi Guembe, de UniversoTV, que ha pasado y sigue pasando largas horas conmigo trasteando en la carpintería de wordpress para que esto se vea. Por último, a Luis Infante, Maesekuma, que me ha solucionado con paciencia y su vitalidad descomunal algunos problemas de maquetación. Problemas, por cierto, que vuelven y que iremos arreglando aunque cuando nos visiten alguien encuentre todavía olor a pintura fresca y enchufes sin atornillar.

Actualización: Me aclara mi amigo Andy Ramos que el paso a dominio público es un hecho automático, que se produce porque expira un derecho, y no algo que el autor pueda hacer. Lo que puede hacer es licenciar de una determinada manera que es casi equivalente al dominio público. En ese sentido, la nota en la página en la que hago constar cómo licencio esta web, es perfectamente válida, «¿Qué se puede hacer?: puedes, sin permiso previo del autor, copiarlo en cualquier formato o medio, reproducir parcial o totalmente sus contenidos, vender las copias, utilizar los contenidos para realizar una obra derivada y, en general, hacer todo aquello que podrías hacer con una obra de un autor que ha pasado al dominio público.»