Dice Henry Jenkins en el libro de base que crea estos conceptos que la narrativa transmedia (transmediática se tradujo en España, pero me parece que es una palabra que no vamos a usar y que suena algo cacofónica) es «el arte de crear mundos». Como siempre nos recuerda Massimo Martinotti citando a Jenkins, «una narración de tales dimensiones que no puede confinarse en un único medio».
Presentando las ideas a mis alumnos del Programa Superior de Dirección de Empresas Audiovisuales del Instituto de Empresa, en el debate se dijo que este tipo de narrativas parecen destinadas para el género fantástico, dicho así, como reduccionismo: ¿qué pasa entonces con autorías, visiones del mundo, como las de Bergman? Creo que caí en la trampa de no haber reflexionado demasiado y asumí esa postura. En realidad, los autores, los artistas capaces de crear un mundo propio, cuando se examina el conjunto de su obra, los temas suelen ser bastante reiterados y parece o tiende a parecer que siempre cuentan historias parecidas miradas desde diferentes perspectivas. Garci decía de Woody Allen que siempre hacía la misma película.
Es decir es, creo, una posición errónea de partida el pensar que una reflexión visual como las del cine de autor no puede narrarse desde esta perspectiva. Dice Jenkins – y lo dice en 2004, que han pasado seis años – que se trata de una perspectiva tan nueva que desconocemos mucho de su construcción, de su técnica de elaboración. En su famosa descripción del caso de Matrix, Jenkins pone en evidencia que para comprender todos los aspectos de la historia hay que poder consumir los otros medios, que es donde aparecen explicadas y donde tienen su recorrido natural. Hay explicaciones a aspectos de la franquicia que sólo se pueden conocer en su videojuego.
Es, quizá, la facilidad con la que el videojuego sirve para presentar universos lo que nos introduce en este mundo lleno de sombras que es pensar las historias para que crezcan en varios medios. A fin de cuentas, Jenkins define que los términos clave de la nueva cultura provocada por la confluencia de medios son convergencia, inteligencia colectiva y participación. No creo que podamos dudar que para artistas de talla la posibilidad del empleo de estos recursos en el diseño de sus historias les haga perder un ápice de su personalidad como creadores o constructures de universos personales. Es más, debiera abrirles nuevos espacios que todavía no están explorados y que, seguramente, llegarán.
Y, por supuesto, nada muere. Espacio para narrar y hacer algo como Bergman seguirá habiéndolo y alguien lo hará o lo seguirá haciendo, por mucho que la creatividad profunda del cine tal y como lo conocemos esté, para bien o para mal, entrando en el museo de la historia. Intentos, formas, casos… seguro que existen y seguro que tengo lectores que los conocen. Espacio para reflexionar sobre la evolución de estas ideas y su traslado a la experiencia cultural que viene es necesario. Y lo haremos. Más que nunca, si hay comentarios son muy bienvenidos.