Conviene que todo el mundo tenga alguna charla con José Luis Vázquez para hablar de la interactividad de los contenidos y cómo se consigue. Descubriremos que la interactividad y la participación es algo escurridizo y que tiene mucho que ver con la construcción del contenido. Porque, ¿está destinado el contenido a provocarla o está destinado a consumirse, dicho de una manera simplificada? Estas cuestiones en mañana de domingo tienen que ver con una entrada de Enrique Dans titulada «El Vídeo como contenido 2.0» donde difiero con el tono o la valoración de lo que supone el vídeo a partir de una investigación de los profesores Gallardo y Alonso sobre la baja interacción de los visitantes de YouTube. Y esa idea de interacción en ese medio es lo interesante, interacción entendida como puntuaciones y comentarios y que Enrique compara con la vieja regla del número de comentarios en proporción al tráfico en los blogs.
Para Enrique, el resultado sería que el video en internet no sería «realmente» 2.0 en su funcionamiento y, en comentarios sugiere que el entorno 2.0 «implica bidireccionalidad simultánea: sin ella, estaríamos construyendo algo muy pobre». En esos mismos comentarios, hay observaciones de otras personas acerca de cuestiones metodológicas que podrían introducirse para valorar como «interacción», entre ellas, algún comentario mío pretendiendo, sobre todo, sugerir que no podemos inferir una características determinadas al vídeo con parámetros como los que parecen observarse para los blogs o las métricas rankistas actuales tan propias de la trivialidad participativa de las llamadas redes sociales y que, en definitiva, la medición efectuada no nos sirve para valorar el vídeo en internet en su conjunto o la calidad de la conversación de cada vídeo o asociada a lo que propone.
Cabe plantearse, también, si la insistencia en la pasividad propia de la televisión como mal o, al menos, como limitación o anticipo de una más que segura falta de desarrollo de formas de lenguaje del vídeo en la red, no tiene también que ver con los contenidos más vistos de YouTube que sirven de base al estudio: esos contenidos, como ya se sabe, son esencialmente y en gran parte contenidos profesionales procedentes de la televisión o de entornos publicitarios y de la industria musical que, notémoslo, están pensados para la televisión tradicional, esa que llamamos pasiva aunque la gente la esté comentando en las redes en tiempo real. ¿Volver a ver de nuevo un vídeo de Nina Simone lleva a más comentarios o lo que hago es volver a enlazarlo o escucharlo? ¿Es eso un empobrecimiento?
Si bien es cierto (o debe ser cierto habitualmente), y casi todos lo hemos observado, que los posts en los blogs en que decidimos poner un vídeo genera usualmente menos intervenciones en forma de comentarios, al hacer esa observación estamos contemplando sólo una parte del fenómeno. Ahí el vídeo que se incrusta (importante notar que los comentarios que produzca no se miden en la muestra de los profesores que, en cambio, sí tienen en cuenta el número de visionados global, no sólo los que se han hecho únicamente en la página de YouTube) forma parte de otro paquete de contenido que forman la personalidad de la página y su línea editorial. Por ejemplo, una mirada a El Cocinero Fiel (donde el vídeo es la esencia del contenido) permite ver un tipo de contribución en los comentarios tremendamente saludable y rica, con participación del autor y una alta frecuencia de aportaciones valiosas de sus lectores/espectadores. ¿Qué es lo imporante para él? ¿Si su conversación cumple unos ratios o si es un enriquecimiento del contenido valioso? Sospecho, y no he hablado con El Cocinero Fiel de esto, que lo segundo es más importante.
Acabamos de ver cómo el vídeo distribuido por internet ha tenido un papel mediático más que relevante en una huelga general, si esos vídeos y su conversación repartida en cientos de medios y blogs no son parte de la aspiración original del dos-punto-cero, entonces que no lo sea. Que sea otra cosa. El mismo caso de la monja Teresa Forcades, vídeo que salió de sus mundos de internet para crear una conversación y un debate en todo tipo de medios, vendría a mostrar que sí, que el vídeo en la red puede comportarse y de hecho se comporta exactamente igual que el texto cuando se vuelven relevantes: que pueden crear una conversación desintermediada, distribuida y participativa. Ninguno de esos vídeos hubiera sido emitido con esas condiciones de formato por los medios clásicos (me abstendré de juzgar las razones ideológicas o las derivadas de la edición – acortamiento – del contenido en el entorno escaso que es la televisión y prensa analógicas) pero sí se hicieron en la red, que parece ser sí era una cierta aspiración del dos-punto-cero.
¿Se empobrecen los contenidos en la red con el vídeo porque su dinámica de participación es otra? Pues no parece que se empobrezcan, sino que se enriquecen: los contenidos de alto valor profesional generan miles de páginas de comentarios y formas de participación y reelaboración de los contenidos canalizadas a través de la red (miren lo que pasa con Lost o relean a Henry Jenkins). Malviviendo, que no es tenido oficialmente como profesional, crea no solo comentarios – ¿menos? ¿relevantes? – sino todo una masa de seguidores que lo comentan y enlazan. Las instituciones crean concursos y sistemas de creación y cocreación de contenidos basados en vídeo por doquier en dinámicas ajenas a lo tradicional (un ejemplo, otro ejemplo y otro ejemplo más, aunque alguien pueda pensar que es lo mismo que vídeos de primera, a lo que sí se parece YouTube). Seguramente, como sucede con todo, la forma de emplear el vídeo en la página de un blogger tenga otros condicionantes, lo que no nos permitiría decir, y es donde difiero con Enrique, que los contenidos se empobrecen – o no son suficientemente ricos en términos del dos punto cero clásico o casi desde cualquier otro – a causa del vídeo en la red porque no serían bidireccionales (¿en el blog o en el conjunto del sistema y la deliberación de comunidades reales?). El ya terminado y mítico Alive in Baghdad no generaba muchos comentarios, sí una mística en torno a él, pero también un flujo de donaciones que aún no llamábamos crowdfunding. Ignoro los ratios del viejo Mobuzz, pero resultaba ser un sitio especialmente participativo y referenciado. Es decir, por doquier habría esquemas dos-punto-cero con más o menos éxito y más o menos varas de medir su dospuntocerismo.
Al final, hacer separaciones de vídeo o texto en un entorno de bits – es decir, transmediático o multimediático – considero que nos hacen perder la mirada del bosque: ¿cuánto empoderamiento de los individuos y comunidades permiten hacer los medios digitales? ¿De qué forma el vídeo contribuye mejor a los objetivos de la propuesta comunicativa de esos individuos y comunidades? ¿Cómo conduce el vídeo a un enriquecimiento de la participación y fortalecimiento de los eventuales compromisos de la participación? ¿De verdad nos importa la cantidad de los comentarios – ruido, siempre termina generándose ruido – o la calidad de la conversación generada aunque su frecuencia sea menor? Pareciera que las conferencias TED no generaran nada porque sólo se ven y, sin embargo, generan enlaces constantes para ilustrar otros contenidos y recomendaciones de personas por doquier. Pareciera que no hubiera gente remezclando vídeo. Pero sí, claro que el vídeo se consume de forma diferente: desde que hay más timidez en tomar una cámara y decir lo que se piensa, la dificultad de concentrar la atención, la mayor complejidad técnica que su producción, el absurdo de querer comentar en un post con un vídeo cuando el texto es más rápido y útil, y tantas otras cosas. Lo que no quiere decir que esa naturaleza sea mala o empobrecedora de la dinámica de la red, aunque no sea una panacea con una visión participacionista.
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