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6 noviembre, 2011 – 17:18 | 18 Comentarios

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Teresa Forcades o el por qué de una videosfera distribuida

Escrito por el 11 octubre, 2009 – 8:3014 Comentarios
La monja benedictina Teresa Forcades no sólo es un personaje fascinante, sino que ha conseguido revolver una parte de la blogosfera y los medios en papel dándonos una versión inusual de lo que sucede con la gripe A, también llamada porcina. Enlacé en mi página de Facebook un fragmento del vídeo resaltando lo que para mí es importante desde la perspectiva de esta página: ¿algún medio tradicional daría los diez minutos del resumen y no digamos los más de cincuenta de la versión completa en sus televisiones o trasladarían a sus páginas y radios tanta información? Imposible.

Imposible desde su doble lógica: la primera es su limitación de espacio. Existe una escasez propia del uso del espectro y de la lógica de la televisión lineal (especialmente si está soportada por publicidad) que lleva a que el medio tenga que filtrar lo que muestra y lo que no muestra. En internet, cabe todo. La segunda es la propia imposibilidad de abarcar todas las voces posibles. Es decir, lo que conocemos como televisión pública, por ejemplo, no ha mostrado ni tiene capacidad para asumir todo el debate que la sociedad puede generar tanto por no tener espacio como por imponer el filtro del criterio editorial de gestores nombrados por la clase política. Y, por supuesto, porque no puede aceptar un formato que le rompe toda la estructura de parrilla de una programación basada en criterios de tiempo importados de los comerciales. A todo esto, las televisiones públicas que continúan con publicidad, si quisieran algo así, tendrían que interrumpirlo a su propio criterio, no al de la benedictina, lo que es condicionar su razonamiento.

El ejemplo tiene que ver con el inevitable fracaso de la propuesta de televisión pública defendida como servicio público equivalente, por ejemplo, a la sanidad: claramente, se trata de esa clase de contenidos que a priori merecen eso que Luis Fernández nos llamaba ayer “debates democráticos” (los comentarios, jugosos, creo). Sin embargo, el debate lo crea ella sin necesidad de que los directivos de Fernández lo provoquen, lo asuman o lo filtren. Bien podría decirse que la red puede servir de filtro para saber qué es lo que los ciudadanos quieren debatir y, con un criterio editorial sensible, llevar a Teresa Forcades a que pase a los entornos de masas. Sin embargo, esto sólo parece una anomalía temporal, la pervivencia de una estructura social y tecnológica donde el acceso a la red no es universal ni a la velocidad suficiente para empresas mayores.

¿Tiene razón Forcada? Es irrelevante. La cuestión es que puede crear el debate y puede ser respondida con los mismos recursos que ha empleado ella por todas las organizaciones a las que señala con el dedo, el Estado incluído (en la red, ya florecen, vean alguna). Si esto no es verdadera participación ciudadana, no sé qué lo va a ser. No necesitamos una televisión pública con su enorme demanda de dinero en forma de impuestos para hacer aquéllo que se supone que debería hacer: información independiente y no partidista (sic), entretenimiento y divulgación de calidad (sic) o defensa de determinados valores. Los grandes medios televisivos agraciados con el derecho a participar del oligopolio del espectro no son proclives a algo que, efectivamente, siempre será minoritario: la funesta manía de pensar y no quedarse en la superficie de la información. Pero estos grupos, junto con sus propietarios editores nos piden la salvación de sus moquetas en nombre de su contribución a la democracia.

Desde la Administración Obama a Juan Luis Cebrián, nos dicen que no se puede depender de los blogs para la salud de la opinión pública abierta (léase denme dinero o háganme leyes para que ganemos dinero) y el soporte de la democracia. No sabemos si estas formas de democracia continuarán en el futuro, pues es profundo, incalculable, el cambio en la sociedad red. Pero si la sociedad red es red, es realmente distribuida, será probablemente más democrática que lo que ahora llamamos democracia. Si nuestras democracias se construyeron sobre la deliberación de los ancianos y los cargos electos, la deliberación creada por la contribución en redes abiertas es infinitamente más rica. Pensar que existen unos medios, herederos de los del siglo XX, que son respetables y, por tanto, protegidos (eso incluye a los públicos), supone la creación de escasez allá donde no existe.

Las Teresas Forcades de este mundo vienen a recordarnos no que la opinión pública puede depender de los blogs – o los vlogs – sino que depende de quienes pueden contribuir a los debates. Esencialmente, que no haya voces que puedan ser silenciadas. En el mundo filtrado de la opinión pública, sí hay voces silenciadas y lo que permite una videosfera con la misma estructura que el mundo del texto (falta el salto al televisor) es mejorar las condiciones del debate social y de la creación. Algo que no impide una obviedad: el entretenimiento en grandes números estará en manos de empresas capaces de hacer marketing para grandes números.

CAMPANAS POR LA GRIPE A from ALISH on Vimeo.

Actualización: como se anticipaba en el texto, hay una respuesta argumentada al revuelo e influencia del vídeo. Buena para formarse una opinión. Lo interesante, es que ha creado un debate que conduce a llevar a la luz todo el proceso del significado de la vacunación o del poder coactivo o no del estado para imponerla. La sociedad ha hecho agenda, no los medios. Pero ahora nos dirán que cosas tan poco rigurosas, que pueden serlo, no hubieran pasado por el filtro de sus educados medios contribuyendo a la desinformación. Bueno, vale, la cuestión es yo soy quien se forma su opinión y tengo fuentes suficientes para contrastar.

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