Hablar de futuro, entonces, era hablar de una nebulosa: inventábamos palabros como Televisión 2.0., se imaginaba más que se observaba. Y, sin embargo, todas las perspectivas (no me atrevo a decir predicciones) se están cumpliendo de modo arrollador. El caso de las tres dimensiones es algo que resulta hasta desconcertante y mucho más acelerado de lo que se esperaba: de algunas pruebas que hacía Telefónica en España, hemos pasado a pruebas de emisiones en TDT, canales internacinales de referencia, la apuesta local de Digital+, y la certeza de que los centros comerciales van a vender televisores preparados para el consumo en 3D. ¿Y los contenidos? El fútbol del mundial ya va a venir, el resto debiera madurar fácilmente. Fijémonos que no hemos terminado de poner en marcha la alta definición y ya estamos en el 3D. Fijémonos que el parque de televisores se está renovando de cara a la TDT y, sin terminar de hacerlo, aparecen nuevos formatos técnicos que dejan viejas las pantallas planas que han entrado en tantos hogares.
Y, con ellas, la conexión a internet. Esta semana, aparece la oferta española de Sony Bravia (ya la había en otros países), se anuncia el ensayo de TV3 de televisión híbrida (con su experiencia en Mediacenters, tampoco es una novedad real), un nuevo desarrollo más de Google de cara set-top-boxes (ahora todo se empieza a llamar OTT, y que nadie se olvide de que YouTube hace mucho que está preparado para el televisor), PomeloTV asegura tener más de 20 acuerdos con productoras, tan solo por nombrar algunas de las muchas cosas que suceden.
La conclusión es que el cambio está aquí y es una apuesta industrial que se desarrolla desde los fabricantes, piezas clave del sistema, los operadores de televisión y los creadores de contenidos. Las centrales de medios también se han subido al terreno del video online e, incluso, hay prometedores brotes verdes como muestra el patrocinio de Segunda Mano a Nikodemo. Por el lado de la producción independiente, la consolidación de Indiegogo en EEUU como plataforma de crowdfunding y su sofisticación con la compra de un arma de distribución como Distribber muestra que los cimientos de otra industria, que no es que llegará, que está llegando, están puestos y que resulta haber dinero para estas aventuras.
¿Qué queda ahora? Uno constata con felicidad que hoy ya escribe y habla de estas cosas todo el mundo y que las revistas profesionales están llenas de noticias sobre el cambio tecnológico. ¿Qué supone todo esto?
- Frente a los vaticinios que se han realizado frecuentemente, es la gran industria la que está en el centro de todo. Los outsiders han abierto el camino, pero son grandes fabricantes de equipos y empaquetadores de contenidos los que están acelerando el cambio. El independiente sigue independiente, pero, y a pesar de las lágrimas de muchos, las oportunidades de expresión y de vivir de hacer vídeo (atentos al mercado corporativo, especialmente cuando vean que los televisores de los hogares se han conectado) son mayores que nunca.
- Empiecen a hablar con normalidad de video en television, video en cable, video en internet. Es decir, quiten la palabra televisión y céntrese en lo que cuenta, vídeo ubicuo.
- Surgen retos sociopolíticos importantes: la liberación de espectro por el fin del analógico pondrá de moda la expresión dividendo digital. La regulación de su uso incluye el internet en movilidad.
- ¿Se podrá desarrollar, por fin, una videosfera real? Es decir, un espacio de contenidos de entretenimiento, educación y deliberación a través del vídeo con el valor y las características de lo que en texto llamamos blogosfera? En definitiva, la democratización verdadera de la difusión de video (en la BBC alguien piensa que sí). La cuestión de los derechos, no es baladí: emplear materiales de terceros tiene costes siderales por no hablar de la pura obscelescencia de la idea y la legislación de propiedad intelectual.
- ¿Podrán liberarase los contenidos financiados con fondos públicos y emplearse y remezclarse en todo este orden nuevo que se avecina?
Créditos: la fotografía pertenece a la galería de Aldo Risolvo, cedida con licencia CC.