
Tenía previsto haberme acercado a la jornada de ayer del Congreso de Nuevo Periodismo de Cáceres. Cosas de última hora y la realidad de ser una de las capitales de provincia peor comunicadas con Madrid para quienes tiramos el coche hace años, me ha dejado a solas con internet, un onanismo como cualquier otro.
Quizá la primera reflexión sea esa: he visto las conferencias en vídeo por la red, algo impensable no hace tanto. Comodísimo y estupendo: ¿deben los eventos generalizar este sistema? ¿les quitará público? Creo que aumentarán su relevancia porque la presencia permite eso tan manido y verdadero al mismo tiempo que es el networking, que en castizo se le llama hacer amigos. Al mismo tiempo, las dificultades de sonido del primer día, el hecho de que no sea fácil o esté previsto que el sonido de los videos y efectos de las presentaciones de los ponentes llegue a los que estamos en casa, pone el dedo en la llaga de mucha cosas de la sociedad red y las telecomunicaciones: sigue siendo un caballo de madera. Nos deja intuir lo que soñamos que puede ser esto, pero ahí sigue, avanzando a pasitos.
Y viene que ni pintado y casi partícipe de la misma esfera de recorrido pendiente el hecho de que la sesión se titulara
Hacia La Televisión Participativa (la cursiva es mía, con obvia intención). Con la presencia de
María Ferreras de YouTube,
Rosalía Lloret de
RTVE.es y
César González Alfredo Peña de
La Sexta. Estuvieron interesantes los tres, evidenciando que los conceptos maduran en sus mentes a medida que el mercado madura. Por un lado, de un año y medio a esta parte, siempre se está recurriendo a las mismas empresas para que cuenten más o menos lo mismo (nadie se acuerda de
TV3, por cierto), dejando fuera a otros sucesos de la industria. Quizá es porque mentalmente seguimos pensando en la televisión como las empresas de siempre y eso que decimos que se mueren.
Las visiones del cable y la IPTV son muy interesantes cuando hablamos de participación, porque son los que están verdadermente preparados para resolver más rápidamente lo que para mí fue la conclusión tras escuchar a los tres invitados: la participación en la televisión (o en el video) sigue siendo una esfera separada de la antena convencional. Me explico y tomaré las argumentaciones de Rosalía Lloret, que realizó una síntesis perfecta lo que es participación empleando términos castellanos en vez de los omnipresentes y no tan comprensivos términos ingleses con que trufamos nuestros textos y ponencias (empezando por servidor): una televisión que yo puedo programar (a la carta, ondemand), en la que puedo comentar (llevamos la conversación de toda la vida, la sal de la experiencia televisiva, hacia el registro electrónico relacionándome con otros fans y aficionados), en la que puedo quejarme y puedo crear y contribuir con ideas y contenidos.
Todo eso, sin embargo, lo hacemos todavía hoy en una web separada de la emisión normal, emisión a la que, cada vez más, se procura alimentar de contenidos online («vuelva a ver esto acá», «comente en») todavía faltos de una verdadera gestión publicitaria integrada. Por eso necesitamos que los cableros hablen: ante el escenario de una digitalización del espectro con una oferta libre superabundante, los servicios de subscripción tienen que incrementar la percepción de valor que proporcionan. Una vía es la alta definición, pero será pronto alcanzada; otra vía eran los servicios de televisión de pago, pero ya los hay en Europa y los habrá aquí en abierto dentro de no mucho… sólo queda la interactividad real, la participación verdadera, y esa no entra dentro de las cosas que la TDT puede dar con la misma fluidad que la red que conocemos.
Tampoco estaban los agregadores online y los fabricantes de set-top-boxes: además del cable, estos jugadores, débiles como son (si no terminan en manos de gente más grande, que todo se andará) tienen mucho que decir, especialmente en cuanto a nuevos formatos publicitarios. El movimiento para poner internet en los televisores, es tan incipiente hoy como era el streaming y las webs de videos de las televisiones convencionales hace dos años. Y en determinados grupos demográficos, la personalización (eso que Rosalía ha definido como la televisión que yo puedo programar) ya se está haciendo en proporciones que todo el mundo desconoce pero que intuye tendente a grandiosa gracias a esa montura conocida como la mula.
La televisión (o el vídeo) participativo es una dimensión mayor que la mera conversión de las cadenas a internet o la existencia de YouTube. Es una transformación del consumo audiovisual con implicaciones estratégicas y tecnológicas serias que todavía están ausentes del debate público y de las conferencias, pero que sospecho que pronto lo estará.