Tengo amigos que nunca han creído en el 3D, Fernando Trueba parece que tampoco. Hollywood Reporter dedicaba hace pocos días una llamativa entrevista a Jeffrey Katzenberg con un titular inequívoco: por qué hay que culpar a Hollywood de la caída de taquilla de las películas en 3D. Fácil: el abuso indiscriminado de la gallina de los huevos de oro. A efectos de tendencias de opinión, hará su pupa en nuestro entorno local el hecho de que El País llame burbuja al reflejo en bolsa del fracaso en 3D de Piratas del Caribe y otras varias. La estereoscopia fue saludada precisamente por Katzenberg como el retorno al espectáculo y la taquilla mundial respondió a ello sosteniendo económicamente el negocio de producir películas para salas. Los síntomas de los males hace tiempo que se comentan, también en nuestra blogosfera española: Juan Herbera alertaba hace nada sobre el problema del precio. Jordi Alonso, la autoridad sobre cine en 3D, ya expresó por activa y por pasiva de modo insistente el caso de Furia de Titanes y el riesgo que suponía – por su mala calidad – para el futuro. Chris Thilk es de los de ya te lo dije, no es la salvación a largo plazo del negocio y recomienda a la industria una seria estrategia de revisión del modelo de pricing. ¿Las tres dimensiones están muertas? No lo creo, habrá que hacer buenos productos, nada más (por cierto: del que sí es caso de éxito, Sex and Zen, se dice que ni siquiera el erotismo es para tanto). Parece inevitable considerarlo como un proceso general de evolución de la tecnología de la imagen tras la que subyace una necesidad industrial enorme y no llevarnos por subidas y bajadas de estados de ánimo: llegará otro éxito. Abarca a los juegos y a las transmisiones de deportes. La saturación de contenidos obliga a buscar límites nuevos: la tecnología se mejorará y mejorará para buscar clientes. Y pensemos que todavía todo está centrado en las gafas.