La descripción de un supuesto veto que las dos grandes cadenas de televisión ejercerían sobre Pepe Navarro, contiene este enunciado: “El popular presentador iba a tener la oportunidad, por fin, de ofrecer su versión a la opinión pública. Pero tampoco pudo ser”. No pudo ser porque el Sr. Navarro no logró cerrar un acuerdo sobre el formato y, se supone, que el dinero. El formato, dicen, pretendía huir del espectáculo rosa y resultar ser periodístico. En toda esta argumentación falla una cosa importante: si se trata de honor mancillado, el Sr. Navarro puede ofrecer sin intermediarios, modificaciones y ediciones su versión a la opinión pública cuando quiera: se llama internet. Lo puede publicar sin restricción alguna, en vídeo o en texto. Puede responder por su cuenta a cuantas aclaraciones se le pidan. Esos medios que le niegan el pan y la sal se harán eco con toda seguridad, audímetro manda. Pero no hay dinero, claro, que tratándose de honra pareciera que no es la cuestión. O alguien no entiende que la intermediación se ha terminado.