En el momento en que me hago esta pregunta, El Cosmonauta está a punto de conseguir su objetivo, recaudar cuarenta mil euros para terminar el rodaje de la película en las condiciones que se habían propuesto. Las escasísimas horas desde que se inició esta campaña (en Lánzanos) junto a la cantidad – elevada – harán de este caso un hito en lo que es, creo que hay que darle un nombre analítico, el proceso ¿imparable? de involucración de las audiencias en el desarrollo de historias y producciones, una característica de la evolución de la cultura y el entretenimiento de la era de las redes. En Transmedia Living Lab atendía a la explicación de los fundadores de Verkami (otra plataforma de recaudación) del caso de Jero Romero, quien ha recaudado por encima de lo solicitado con una interesante movilización de sus públicos. La pregunta es, si dada esta capacidad de los artistas para reunir comunidades, aunque relativamente pequeñas, no hay una oportunidad para ejercer un rol interesante en estos procesos por parte de marcas como una forma de participar en las comunidades de las que quieren formar parte y ayudar a los artistas que se financian por esta vía a romper su círculo de confianza. Un aspecto complejo del crowdfunding es salir del espacio de amigos y conocidos ampliando la red. Apoyar artistas con acciones simples sin tener que recurrir a la esponsorización clásica puede tener un altísimo valor mutuo: diversificar dinero entre muchos artistas (y temáticas), con presupuestos menores ser más significativos al introducirse en el proceso creativo, involucrarse fuertemente en comunidades y grupos sociales interesantes… ¿El cómo? Ahora que empiezan a tener twitters, páginas en redes de amigos, además de sus propios envases y otros soportes (hasta facilitar la descarga del producto final), las posibilidades pueden ser amplias. Me muero por saber qué piensa Albert.