[ACTUALIZACIÓN: Un pequeño accidente con mi teléfono móvil provocó que borrara el texto original. El post está reescrito enteramente nuevo] Hace pocas fechas Hulu anuncia como hito – the first-of-its-kind – una aplicación que permite estar viendo un programa, emocionarse con el contenido y automáticamente enviarlo a Facebook y permitir que los amigos comenten y hagan sus chascarrillos. Sin duda, el traslado de la charleta de lo que hace la televisión a las redes en tiempo real es un transformador del consumo, no digamos en la promoción del contenido y una gran esperanza para conducir al espectador allá donde el contenido se monetiza mejor. Pero no hay nada nuevo bajo el sol: el malogrado Joost ya realizó una aplicación interactiva con Coca-Cola que permitía seleccionar hasta varios segundos antes lo que estabas viendo y remitir automáticamente un mail con el clip a tus amigos y generar una conversación. Ya había Twitter, pero Facebook no era relevante. Dos sensaciones: una, que las novedades no siempre llegan en su verdadero momento y dos) que quizá merece la pena repasar el conjunto del espacio que Joost definió en su día para la televisión social, era muy atractivo y resulta, al menos de memoria, tremendamente contemporáneo.