Seguro que va a ser criticado cuando dice: “No me interesan mucho las ventas. Lo sé, pero está tan al final de mi lista de prioridades que no me preocupa”. Se presta a todo: a los males burbujeros y cancamuseros de la web, o puede que a otra forma de hacer negocios no vista aquí: construye audiencias, invierte en innovación (es decir, hacemos algo que no existe) y después econtramos los mecanismos de explotar cosas que son nuevas. Cualesquiera que sean los males del sistema o, mejor dicho, los riesgos de esta forma de pensar, lo cierto es que aquí o suele ser imposible para las virtudes que tenga o, desde luego, no es ni planteable. Que se lo digan a Nikodemo. No se detiene ahí: “No me importa lo que diga Nielsen. Nos miden fatal”. Una voz más al coro que cuestiona el modelo publicitario y de mediciones imperante y que tanto dolor nos da, ¿verdad, Javier?. Y terminemos con las películas: “Creemos que podemos aportar mucho valor a la experiencia de ver una película, consumiéndola dentro de tu entorno social, conectado a tus amigos. Al final alguien tiene que pagar por verla, sea por visión, por mensualidad o por publicidad“. Ese alguien tiene que pagar suele ser el recurso del sistema para no innovar demasiado en la exhibición. Pero aquí el alguien está concebido como una forma de innovar en la exhibición. Que es el verdadero melón.