En Octubre de 2007 (una época en la que Twitter era solo una fricada e íbamos a fiestas donde estaban casi todos los usuarios) a Radiohead le dió por lanzar su por entonces último disco con la originalidad de que se pagaba únicamente la voluntad: descarga libre y denos lo que pueda, hombre. Si fue o no un éxito económico siempre se ha discutido, especialmente si lo era desde un punto de vista del negocio clásico, pero quedó claro que las cosas ya no eran igual. Ayer David de Silva me recomendaba echar un vistazo a una película chilena, “El Retorno”, que precisamente se comercializa igual: mira y danos lo que estimes oportuno. La película se puede ver online o descargarse by the face y no tengo noticias de cómo se ha pagado la copia cero, vulgo máster. Pero la reflexión que quiero hacer es que, para muchos artistas, la necesidad de crear y ser vistos les conduce a la red directamente, como explican los creadores chilenos. Tal y como, por ejemplo, vemos en Vodo, generaciones educadas en los videojuegos y en la descarga libre en el ordenador no parece que necesiten demasiado a las salas para que la cultura audiovisual – ya casi no tiene sentido llamarla cinematográfica – se perpetúe. Juan Herbera se quejaba anoche de la decadencia de la asistencia a salas y casi se disculpaba por verlo desde un punto de vista cuasiromántico. Pero la imposibilidad de distribuir (y cobrar) todo lo que la gente quiere producir, y a fe que lo producen, resta valor intelectual al prestigio o la condición superlativa de la sala. Nuevos creadores que sí, muchos de ellos mantienen la ensoñación por el largo y la sala oscura, pero que se desenvuelven en su entorno nativo financiándose por caminos propios y haciendo su destino con más o menos éxito. Suelo decir que ya prácticamente todos hemos conocido el cine clásico, el histórico, visto en el televisor. Y no me olvido de una conferencia hace pocos años de Michael Eisner: al final, llegará el Ben Hur de la red.
22 junio, 2011 9:33 AM
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1. Escrito por Goio Borge
22/Jun/2011 a las 12:44 PM
Yo comparto aún la aspiración romántica de las salas aunque me dé cuenta de dónde está el futuro, y me da pena el goteo final que ha llevado a que ni siquiera en salas estrenen lo más interesante. Para mí, esto es lo que las matará, porque para los jóvenes actuales que seguirán viendo cine por afición dentro de 30 años, las salas ya no serán su sitio, estarán totalmente copadas por la siguiente generación y las películas de consumo total para los nuevos jóvenes. Además, los cineastas se adaptarán. Esos Scorsese, Cameron y demás que dicen no concibir su trabajo si no es en pantallón y en experiencia colectiva es cuestión de no demasiado tiempo que no estén activos, y los nuevos ‘cineastas no artesanos’ no tendrán el prejuicio contra la pantalla pequeña. Siempre pudiera haber una novedad tecnológica diferenciadora (el 3D? bueno, pero eso tampoco los espectadores clásicos lo consideran ‘romántico’…), pero no parece que la tendencia vaya a invertirse.
Mi generación es intermedia, ya vio mucho cine en la televisión, pero desde luego siguió una pauta más cercana a la de generaciones anteriores en cuanto a la relación con las salas que la actual (tal vez no tanto, yo no iba a las sesiones dobles de los cines de barrio). Pero… ¿lo que me ha costado a mí entrar en el musical, por ejemplo? No hay pantalla televisiva como las de antes que eso lo compensase. Ahora es cierto que con el suficiente conocimiento de tecnología y una buena pared tienes un cine inmenso (excesivo, tal vez) en el salón. Pero la nostalgia es inevitable. Mira el Phenomena de BCN, como se llena de jóvenes que normalmente han visto esas pelis en pantalla pequeña y llenan esas sesiones.
2. Escrito por Mercedesr
25/Jun/2011 a las 6:59 PM
En mi caso el amor con la sala ha ido acabando en la medida en que cada vez que voy a una el doblaje me hace querer coger una uzi XD… Asi que termino integrando el Pixel en mi adn acostumbrada a la oscuridad y relación con la gran pantalla. Porque otar nostalgia es el silencio de las salas, cada vez más extraño entre un publico multitasking… Así que me viene bien la pantalla de mi casa, del ipad y hasta del minúsculo IPOD antes de oir como destrozan una pelicula quienes la doblan y quienes hablan por telefono o cuentan su vida en el medio…
Pero como usted siempre habla sobretodo del negocio de la creación audiovisual, me centro… Creo que esa relación con l agran pantalla seguirá ahí… Otra cosa es que siga, como desde hace 30 años cuando comenzaron a morir aceleradamente las grandes salas, transformándose. Un cine de nicho? de arte y ensayo?… NO es que las salas sean lo próximo a caer es que llevan mucho en ello. Se transforman, cambian de tamaño pero siguen cayendo… Experiencias como Phenomena es al cabo un producto de nichos… Allá vamos hasta que cambie otra vez.
3. Escrito por Gonzalo Martín
26/Jun/2011 a las 9:47 AM
Las salas siguen siendo un buen negocio para el consumo de masas y para lanzar otras ventanas. Eso es innegable. Pero precisamente por todo lo que dices, creo que para el mundo indie o con aspiraciones de autor, la sala es una puñetera condena que no se corresponde con la experiencia real de la vida de los artistas. La pregunta es si eso terminará creando una forma de entender el mundo.