Lo entretenido de lo que se está viviendo es que se parece mucho a las descargas: los equipos de fútbol quieren hacer valer sus contenidos (que, con el sistema legal vigente, me parece lo más normal del mundo) mientras que las radios alegan el beneficio común de acceder al contenido: dicen que promueven y no reducen la asistencia al espectáculo e incitan los otros consumos relacionados con el fútbol. Como las descargas de música y los conciertos. Y ganan dinero con ello, como los del top manta. Como en las descargas, ponen un vigilante en la puerta y prohiben el acceso. Pero la capacidad para relatar es muy porosa, como un Rojadirecta, vaya: algunos entran infiltrados entre el público y retransmiten con móviles, otros se suben a terrazas y, supongo, queda la televisión. La otra curiosidad es que si se trata de la Superbowl, sí pagan por los derechos de radio. Caramba. O si nos vamos al ámbito internacional, la cosa es más normal y los españoles no parecen rechistar tanto. O que las empresas propietarias de las radios andan y anduvieron prestas a reclamar sus derechos por otros muchos materiales: véase al Sr. Lara, dueño de Onda Cero, o el asunto del clipping, o hasta eso tan risible de los formatos. Es un buen ejemplo de cómo el cambio de las tecnologías convierte el enforzamiento de determinadas leyes en un problema de díficil solución. Diagnóstico: pagarán. Pagarán porque, además, ayuda a cerrar el mercado y el que tenga el cash va a ver toda una oportunidad a medida que se consolide el sistema. Esperemos que nadie se meta con las retransmisiones que realizan en twitter los aficionados, por poner un ejemplo. Porque el día en que lo hagan con su propia voz, llegará. Y se corre el riesgo de que sean más entretenidos que Paco González: ¿pedirían en ese caso las radios que se respeten sus derechos? Se admiten apuestas. Aún nos podemos divertir bastante.