El nudo gordiano de la cuestión sería doble. Esta cita de hoy, sería uno: “Pero si los propios narradores que están en los campos recurren un 80% del tiempo a la televisión que tienen en las cabinas. Es evidente que se pierde el sonido ambiente, pero el domingo los oyentes no avisados apenas pudieron detectar que la retransmisión se hacía vía televisiones”. Es decir, los partidos pueden narrarse sin impedimento sí o sí. El segundo es el de ayer: la contradicción de argumentos en la que incurren las empresas radiofónicas y sus propietarios al alegar eso del derecho a la información (¿les impide alguien decir que el Barça ganó 5-0? ¿que se marcó en tal minuto?) pero en otros sitios y lugares mostrarse acérrimos defensores de esos otros derechos: los de la denominada propiedad intelectual. La cuestión es que, a los precios de los pinchos de datos móviles, que unos amigos retransmitan con una cámara de fotos un partido desde cualquier campo es, simplemente, trivial y no descartable de modo masivo. ¿Vamos a inspeccionar los estadios persona a persona y rastrear entre las gradas a quien tiene cámaras grabando durante los partidos? Otro parecido con las salas de cine. Esto explica la patente de Apple para bloquear grabaciones con móviles. A cada bloqueo, un nuevo hackeo. Y así seguimos.