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propiedad intelectual

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El fin del cuarto poder y la ley Sinde/Wert

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Ha causado mucho revuelo estos últimos días una afirmación del Consejero Delegado de PRISA sobre los medios tradicionales: «Juan Luis Cebrián, defiende que el periodismo tal y como se ha entendido hasta ahora ha muerto. Y lo ha hecho tras un cambio “bestial” que ha llevado a los medios de comunicación a dejar de ejercer el cuarto poder. “Los diarios ya no vertebran la opinión pública”. Un ejemplo: “Si el Rey ha pedido perdón, no ha sido por los medios sino por lo que se reflejaba de él en las redes sociales”. Es una pérdida de prestigio que, según Cebrián, afecta a los medios y al resto de estamentos democráticos.» He insistido varias veces que, en el conflicto sobre piratería y casos como la Ley Sinde, el recurso a la alta cobertura y la amabilidad de los interlocutores (cuando no a la complicidad directa) de los medios convencionales, la comunicación de las posiciones pro-control de la red perdían la  batalla de la credibilidad porque la gente se formaba su opinión fuera de esos medios. Y eso a pesar de que los tomen como input y parezca que su influencia es superior. Es probable que haya que darle la razón a Cebrián porque, como dice Elvira Lindo hace pocos días «cierto será, ya que él ha sido sin duda uno de los vertebradores de la opinión en la España democrática». La esencia del argumento es la pérdida de la credibilidad (yo diría que es un escándalo) por lo que la insistencia en noticias terroríficas sobre pérdidas económicas, derrotas de la cultura, creadores de muertos de hambre y todos esos horrores resultan ser desmontadas por los discursos de las redes por personas que generan más credibilidad frente esos medios que son cada día más transparentes en sus legítimos pero condicionados intereses y cada día menos solventes intelectualmente. En fin, es una vez más aprovechar el Pisuerga, Valladolid, y las sardinas con las ascuas para argumentar la inevitabilidad de otro discurso y debate social por muy bien que le vaya a la famosa sección segunda.

¿Sirven las leyes inventadas hace tres siglos para la creación del siglo XXI?

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Una de las frustraciones más grandes que produce el mundo de la publicación convencional es la falta de espacio. Una de las características esenciales de internet es, precisamente lo contrario, la ausencia de límite. Así el artículo que Gloria y África me pidieron para el suplemento que publica hoy El Correo sobre internet y la red, padece de esos inconvenientes que, cómo no, se pueden convertir en virtud al obligar a sintetizar. Dicho por alguien como yo, puedo imaginar la sonrisa de a quien le dé por leerme y me conozca. En el caso del titular, mal asunto: el que cabía en el espacio asignado era mucho más corto y se ha visto amputado a “¿Las leyes de hace siglos sirven ahora?”. Para el texto me pidieron, creo recordar, algo así como tres mil caracteres y no parece que haya quedado mal. Para quien no pueda comprar el diario, le interese y no lea cómodo en la imagen del tuit que lo reproduce, lo puede hacer más fácil aquí. Pero, si alguien tiene más interés, puede verse la versión un poco más larga (un poco, ¿eh?) a partir de la cuál construí el breve y que creo es más explicativa y sugestiva. Mi agradecimiento a Gloria y África por contar conmigo en su suplemento. [Actualizado]: África y Gloria publicaron el contenido en formato pdf. Me corresponde la página 47.

Enmarcando la realidad, en versión MPAA

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Hace ya muchos meses que la MPAA tomó la decisión de emplear siempre en sus comunicaciones la palabra robo en vez de piratería para referirse a los usos irregulares y/o ilegales que se producen en las redes o fuera de las redes en lo que se refiere a la propiedad intelectual. La razón la justifica su Chairman en razón de que el término piratería se percibe como un delito sin víctimas. La última entrada en el blog del gran lobby de Hollywood arranca con una afirmación de este tipo: “… el Institute for Policy Innovation concluye que actuar contra las webs deshonestas será decisivo para promover la innovación y la creatividad a nivel mundial”. Tiene que ver con los proyectos de ley norteamericanos para bloquear el acceso a páginas webs extranjeras que permiten acceder, vía enlaces o de otra forma, a contenidos protegidos como sucedió con el caso Roja Directa. Lo interesante es que se argumente sobre el estímulo a la creatividad y la innovación: ese incentivo es la clave de la visión del derecho americano (por extensión, anglosajón) sobre la creación de leyes de propiedad intelectual. Hay varias curiosidades: mientras que el artículo original hace una defensa cerrada de estas leyes, no puedo encontrar una sola línea que afirme taxativamente que sean un incentivo o estímulo a la creatividad (todo aderezado con las clásicas amenazas de crímenes y robos, además de llamar ¡comunistas! a quienes se oponen a las leyes de propiedad intelectual). Más curioso aún es que cuando se bucea en la composición del Institute for Policy Innovation se encuentra que uno de sus investigadores (Peter Ferrara, hay que seguir los enlaces internos, no tiene URL propia) ha realizado también trabajos para el Cato Institute, otro think tank muy influyente en posiciones libertarian en los Estados Unidos. El Cato Institute tiene un amplio número de publicaciones sobre los debates acerca de la propiedad intelectual y, aún cuando es partidario de ella, hace una crítica abierta a los defectos y mutaciones del sistema provocadas por las reformas efectuadas por el Congreso. Obvia decir que con la MPAA haciendo de lobby pero, en resumen, no cree que la extensión de la duración del copyright vaya en beneficio de la innovación (posición esencial de la MPAA) o en contra de que las leyes prohiban determinadas tecnologías para proteger modelos de negocio y el copyright. No hace tanto que el informe Hargreaves, encargado por gobierno británico, concluía con rotundidad que la legislación actual, efectivamente, está perjudicando la innovación. El blog de la MPAA hace muy bien en proteger, explicar y argumentar las posiciones de sus socios – algunas de mucho sentido – pero, como todos sabemos, es muy tentador y útil efectuar el tradicional ejercicio de framing para limitar las visiones del problema y llenar los pañuelos de lágrimas con los puestos de trabajo que dicen que se pierden. La cuestión de fondo sobre la guerra de la propiedad intelectual es si son leyes que cumplen sus fines (creatividad, innovación), no la de proteger modelos de negocio (o empleos, para el caso).

¿Es patentable el crowdfunding?

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En realidad, elementos de software y procesos de negocio. En el texto de Paidcontent lo que se cuenta es que Kickstarter, ha demandado a un músico que ha obtenido una patente para su propia plataforma de cocreación y que reclama a Kickstarter que la licencie. El músico dice tener buenas intenciones y argumenta que las microdonaciones no son otra cosa que fomentar limosnas (¡!). Mientras, Kickstarter cree que son cosas impatentables de acuerdo con la ley. A ver qué sucede. Pero lo que debiera interesarnos es cómo el enorme entramado de la “propiedad” intelectual acarrea inmensos costes en demandas, localización de titulares de derechos, sobreprecios (por ésta y otras circunstancias) y que todo esto conduce a dificultar la innovación y, por supuesto, la competencia: ¿cuánto tiene que pagar en costes legales una nueva compañía, siempre ávida de dinero para crecer, para evitar morir ahogada por reclamaciones absurdas y costes de abogados? Es decir, es el mero hecho de que alguien pueda realmente patentar – crear un monopolio – sobre estas cosas lo que muestra la torpeza y el vicio de un sistema que tiene verdaderos problemas para demostrar que, efectivamente, impulse la innovación y la creación. Una vez más, pensar en términos de descargas (y el número de David Bravo en San Sebastián, dicho con todo el afecto que le tengo, me parece que no ha contribuido a pensar de otra manera) sólo conduce a señalar con el dedo un síntoma y no el problema verdadero. Para los defensores de una reforma profunda (es decir, no para los consumidores que sólo piensan en ver gratis por el mero hecho de la gratuidad), una vez que los nuevos sistemas de distribución estén consolidados en los nuevos jardines cerrados que se van activando por doquier, va a ser difícil encontrar una movilización del público.

Pirata, que te quiero pirata

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Verde que te quiero verde. La política europea se vió conmocionada en los años ochenta por el ecologismo político. Mezclado con el pacifismo y la reacción a la guerra fría, los éxitos electorales pasados no han logrado una presencia permanente ni mayoritaria del ecologismo en los parlamentos europeos, pero desde entonces no hay partido político, actuación administrativa o elementos del discurso dominante de la opinión pública que no se tiña de verde como elemento de legitimidad. La entrada del Partido Pirata alemán en el parlamento de Berlín, extensa y sonada, es explicada parcialmente por Hollywood Reporter por la reducción de las reclamaciones entorno a la reforma del copyright y el posicionamiento en favor de “la democracia y la transparencia”. La lectura se puede hacer en negativo: la corrupción del sistema y el oscurantismo con el que se toman las decisiones. Algunos amigos en posiciones ejecutivas en la industria suelen preguntarme ante mis argumentaciones sobre los problemas del copyright (muchas veces aceptando la realidad de la cuestión) ¿y, entonces, qué se hace?. He argumentado muchas veces que hace falta otra clase de debate social liderada especialmente por los creadores centrada en los incentivos a la creación y no en las malditas descargas para después construir nuevos marcos legales. Sin soluciones mágicas. Y que el punto de partida empieza por efectuar concesiones reales para reducir los desequilibrios con la sociedad: en esencia, lo que se percibe alrededor del copyright es la actuación monopolística y la inevitable sensación de corrupción política y deterioro de la democracia que rodea la actuación de los lobbys de derechos. Nuestra ministra se despide sin asomo de autocrítica (tampoco puede pedírsele, siendo justos), pero ya es llamativo que después de tantos meses desde la sentencia del canon aquí no haya una solución ni una propuesta de revisión: es difícil creer que esto va en favor del público. Es complejo ganar legitimidad frente a la sociedad para asumir cualquier restricción (por ejemplo, a las descargas) en un clima que parece de cartas marcadas. En España nunca ha ganado un partido ecologista, pero todos son ecológicos de salón si hace falta. Y transparencia y democracia parecen ser griales del 15-M, un presunto movimiento que, por otro lado, no parece enterarse de casi nada verdaderamente trascendente (ya pueden fusilarme). La tendencia pro gobierno abierto pide la liberación de los datos gubernamentales y crece en el discurso político: lo que produce una tele pública son datos, que nadie se engañe, y ahí hay un buen espacio para empezar otra política de derechos. Un montón de parlamentos autonómicos y ayuntamientos encontraron en la oposición al canon un elementos de conexión con la población. Piratas, que son unos piratas.

Mientras se perpetraba la #tablasinde…

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Pues estaba comiendo esta mañana con David Bravo cuando me explica el experimento que ha resultado en lo que se ha conocido como #tablasinde. Eso ocurría mientras yo le decía que, por el contrario, le iba a prometer a alguien del público que le pagaría una cerveza si levantaba la mano cada vez que yo dijera Ley Sinde. Nos hemos reído.  En fin: uno pretendía introducir variables de reflexión más amplias que las descargas para mirar el conjunto de la cuestión propiedad intelectual desde una forma más elevada y plantear lo que suelo plantear: que es necesario un debate social diferente y que, vaya por dios, la cuestión de las descargas lo contamina. Es obvio que todos ustedes saben ya que no he tenido éxito. Conviene precisar algo: se ha planteado por la prensa y la red la sensación de que esto era como una especie de humillación porque se ha hecho delante de la industria del cine. Debe decirse, igualmente y por respeto a la verdad que, aunque aquí nos trae la organización del Festival de San Sebastián, el festival empieza mañana. Y sí, había cineastas, pero casi todos ellos jóvenes y cercanos al mundo online, no quienes en sus sueños más húmedos se puede imaginar la marea de indignados. ¿Que qué opino? Pues qué va a ser, una bella e inteligente demostración de cómo funciona la red suficiente para sugerir que hace falta otra conducción pública (y, seguramente, mediática) de esta cuestión.

 

Puzzled

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Ofrece esta interesante información sobre los trabajos de la ESCAC en Barcelona un par de sugestivos detalles: el largometraje fin de curso de sus alumnos – Puzzled in love – se ha producido con solo 12.000 euros y los derechos musicales empleados han supuesto el gasto de 80.000 más. Dos cuestiones a tener en cuenta: en los costes de producción no se han computado con toda seguridad las horas hombre de los alumnos ni los medios que haya aportado la escuela. Además, como toda información periodística, puede estar carente de todos los elementos y contextos. Pero, con todo, sí parece suficiente para ilustrar algunas cuestiones sobre los costes de la propiedad intelectual: si la entendemos como un mecanismo de fomento de la creatividad, es bastante razonable pensar que esta proporción de costes para un proyecto teóricamente experimental, puramente artístico y, sin embargo (el azar de los contenidos), de sorprendentes posibilidades económicas para su inversión, no parece razonable. Esta imposición de costes, especialmente para la creatividad en las fronteras del comercio y en el espacio de las minorías, es uno de las críticas clásicas al vigente modelo de derechos. En las páginas de Larry Lessig y otros autores hay buena cuenta de ello. Envueltos siempre en los debates sobre descargas, el uso y acceso a la tradición y su transformación para crear nuevas obras (es decir, la pura idea de autoría) queda fuera del debate.

El Informe Hargreaves está aquí y avisa de lo que sospechábamos

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Estoy falto de tiempo para una lectura atenta de las más de cien páginas y me quedo con lo enunciado en la introducción (este fin de semana trataré de hacer la lectura larga). Antes, recordar que fue David Cameron quien, tras su victoria electoral y visto el debate social, encarga el informe, en una prueba de una muy superior calidad del debate en las Islas al nuestro. Superior calidad de debate que queda patente en la pregunta del Primer Ministro al ponente: ¿Podría ser cierto que las leyes diseñadas hace más de tres siglos con el propósito expreso de crear incentivos económicos para la innovación y proteger los derechos de los creadores están hoy obstruyendo la innovación y el crecimiento económico?. Atención, amigos e ideólogos en las revueltas antisinde, ésta es la cuestión, muy por encima de cuestiones de derechos humanos y la descarga ubicua. Quédense tranquilos, la respuesta, como viene anunciando la investigación académica desde hace tiempo es rotunda: . Amigos y compañeros de la industria: ¿esto es todo?. No, es peor y mejor. Es peor porque se habla en definitiva de menos propiedad intelectual y se deja poco bien la labor de los lobbies de las industrias culturales. ¿En qué es mejor? Pues que se reconoce que “esto no quiere decir, sin embargo, que debamos poner industrias creativas enormemente importantes en riesgo“. Sobre lo que es “riesgo” podemos debatir mucho, pero por hacer la historia corta, esta tesis es la que aceptamos personas que hemos llegado a la conclusión intelectual de que el devolucionismo (la progresiva reducción de derechos y la ampliación progresiva de los espacios de dominio público) es no solo la mejor solución, sino la más equitativa: en un mundo repleto de propiedad intelectual el paso súbito a otro sin ella o con muchísimo menos de ella no es ni simple, ni justo, ni enteramente bueno. Discutir cómo se hace esto es, verdaderamente, harina de otro costal. La de Hargreaves es, también, una mirada anglosajona y debe tenerse en cuenta: los problemas del sur son seguramente más acuciantes no en pérdida de derechos, sino en necesidad de acceso a ideas y mercados. De ahí que yo crea que la oportunidad para la industria local consiste en subirse a la ola de este cambio para encontrar más espacio de mercado en vez de seguir la lógica de quien se lo cierra.

 

 

Léase despacio la opción holandesa: no es sólo retirar el canon

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Está dando vueltas, muchas vueltas, una información que al parecer parte de la Asociación de Internautas (AI) y que luego ha recogido El Economista en la que esencialmente se titula que Holanda suprime el canon. Lo que, de momento, no es cierto. La AI tiene el detalle de enlazar la fuente original, y podemos encontrar muchas cosas interesantes. Lo primero, es que estamos ante una propuesta (gubernamental, eso sí, y eso es muy importante) de reforma de las leyes de copyright, no de una simple supresión del canon. Telegráficamente: la razón de la reforma es el estímulo de la creatividad y la innovación, verdadero propósito de la legislación de copyright (algo que, permítanme, se saluda como una fiesta por algunos comentaristas, cuando ese es el debate real desde hace tiempo, no las descarguitas ni el canon); no se suprime en absoluto el copyright sino que se pretende hacer cumplir, curiosamente haciendo ilegal la descarga, pero no punible; sí, se desea suprimir la compensación por copia privada por obsoleta – en dispositivos y conexiones – y a cambio de no incluir DRM sobrecargar el precio de la copia; los creadores podrían exigir de los productores la distribución digital; se amplía el fair use; se pueden cerrar sitios con contenido ilegal; más transparencia de las sociedades de gestión; facilitar la licencia europea. Lo interesante es que, frente al caso español, lo que se explora es un equilibrio diferente porque “el desarrollo actual de la sociedad exige tomar decisiones sobre la política de copyright”. Está lejos de otras propuestas, pero al menos aspira a reducir el ámbito de protección al tiempo que se pretende hacer cumplir el que exista sin criminalizar y centrándose en la función real del privilegio (es un privilegio) que es la propiedad intelectual.

Por qué la tesis del equilibrio es poco creíble o, simplemente, incorrecta e injusta

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Es frecuente escuchar a la máxima responsable gubernamental de la cultura oficial de este país que es necesario establecer un equilibrio entre los derechos de los autores y los derechos de los internautas. Es difícil oponerse a una frase así porque, de hecho, es la intención original de la legislación del copyright: conceder un privilegio temporal para estimular la creación cuyo fin último es el mejoramiento de la sociedad en su conjunto por su libre circulación. Mientras la cuestión del canon no se resuelve a pesar del desastre judicial, mientras se incrementan por doquier los controles a la red, el próximo paso de las grabaciones de los grandes éxitos musicales de los años sesenta al dominio público desencadena una nueva ofensiva para extender los derechos de las grabaciones: es decir, el equilibrio se rompe siempre por el mismo lado, el de la sociedad: “El uno de enero de este año (2011), las obras de Paul Klee [...] y de F. Scott Fitzgerald [...] pasaron al dominio público – setenta años post mortem auctoris. Aún cuando las obras de Klee y Fitzgerald indudablemente tienen todavía un enorme valor de mercado, ningún lobby ni gobierno se ha levantado para argumentar la extensión de sus derechos”. La cuestión de las descargas que tanto aterroriza debe verse (también por muchos internautas que no acaban de entender sobre lo que protestan) en un marco de creación de equilibrios nuevos y no proponiendo un desequilibrio permanente. Si los derechos siempre se extienden hurtándose del dominio público se produce una apropiación de facto del conocimiento. Ruego que, en ese caso, no me hagan proselitismo pidiendo que los respete.

Bamboom y los costes de la disrupción tecnológica

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Bamboom es una startup que recibe cuatro millones y medio de dólares como capital semilla. Semejante cantidad con el calificativo semilla palidece cualquier comparación con emprendedores locales, aunque nos dicen que también con los del valle del silicio. La gracia reside en que esos cuatro millones y medio contienen el dinero suficiente para soportar los costes legales de las demandas que esperan: Bamboom hace una cosa muy curiosa pero cuyo fin no es nuevo. Lo curioso es que sitúa unas minúsculas antenas que reciben señal broadcast, las transforman en html y te permiten recibirlas en tu sistema de televisor conectado con capacidad para grabar y ver bajo demanda por diez míseros dólares al mes. Lo que no es nuevo es que resulta ser una especie de mezcla entre Zattoo y SlingMedia más el nPVR de Cablevision; tomar las señales de otro – gratuitas para todos o pagadas con tu cuota – y hacer posible eso que llamamos unbundling, y que es desmontar la oferta comercial de un proveedor clásico (antes los elepés, ahora la televisión lineal) y servir(te)la en unidades sueltas. Los conflictos legales alrededor de las señales del broadcast y el uso por operadores de cable son un clásico en la historia del mundo audiovisual, generalmente y con ciertas limitaciones y compensaciones se han resuelto por la idea de que se emiten en favor del público y, si no se hace nada más, pues… en favor del público. Pero la reflexión es un sistema de propiedad que genera esta barbaridad de costes legales para poder sostener en marcha una innovación y no correr el riesgo de morir ante la primera demanda.

Competencia, conocimiento abierto: Facebook vs Google

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Si no lo han hecho ya, tómense la molestia de leer el ensayo de mi amigo José Alcántara, bien conocido en la red como Versvs, sobre la neutralidad de la red (en dominio público y descarga gratuita). Hay un capítulo con una temática muy poco comentada a este respecto, y es el de la velocidad de respuesta de las consultas a Google: “al rebajar ese tiempo al máximo lo que sí consiguen es expulsar de la carrera por «ofrecer resultados rápidos» a cualquier otro competidor”. Eso se consigue con la potencia de sus datacenters. Recientemente, Facebook ha liberado el diseño de sus datacenters, cualquiera podrá replicarlos. Business Insider lo analiza con perspicacia: en pocas palabras, si estoy en desventaja en número y fuerza de datacenters con respecto a Google y eso requiere una inversión enorme, hagamos el mejor diseño, liberémoslo y contribuyamos a comoditizar lo que ahora Google tiene secreto y que es parte de su ventaja competitiva. Es decir, liberar el conocimiento incrementa la competencia, baja los precios y “eso ayuda a todo el mundo, excepto a la compañía que tiene una enorme ventaja competitiva de mantener secreto el diseño de su datacenter”. En cristiano: se reduce la capacidad de crear monopolios, se disipan rentas y se aumenta las opciones de hacer negocios de todo el mundo. Justo lo que se viene comprobando que impide la formulación de la propiedad intelectual hoy día. Facebook, claro, no es tan bueno (y eso a pesar del alma hacker de Zuckerberg), es que si tienes que competir y no tienes capacidad (¿todavía?) de obtener rentas de monopolio te conviertes en el mayor defensor de la competencia.

¿Puede retirarse una obra del dominio público?

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“Once protection has expired, it cannot be revived” (es decir, una vez que la protección a la obra ha terminado, la restricción de uso no puede resucitarse), es el principio que se alega ante el Tribunal Supremo de los Estados Unidos para que decida si el Congreso de ese país puede, efectivamente, devolver una obra a la esfera de los derechos una vez que ha retornado al público. La cuestión se suscita porque los tratados internacionales que firma EE.UU. conllevan proteger obras que no lo estaban en ese país. La mirada reduccionista al problema entre comercio, comunicación y creatividad basada en las descargas conduce a ignorar temas esenciales para la creación cultural y que favorece a productores, autores y públicos: disponer de materia libre para poder seguir creando. Curiosamente, hay quien califica como la mayor ironía el hecho de que el Oscar a la mejor música de este año ha ido a parar a un autor conocido por sus conflictos con la industria musical y sus dotes y capacidades para la remezcla (Trent Razor, a.k.a NIN) y que contiene la revisión de un tema en dominio público: el conocidísimo En la Gruta del Rey de la Montaña, parte del Peer Gynt que musicalizó Grieg. Mientras se daba el premio, sus fans estaban subiendo a su web nuevas remezclas de la pieza.

Por qué el debate de las descargas está/estaba mal planteado

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La nueva sentencia de El Rincón de Jesús lo ha hecho clarividente. Conviene leer detenidamente el análisis que realiza Andy Ramos del por qué de la cuestión para concluir que, con el derecho en la mano, la legalidad rotunda y real de enlazar a una obra protegida o ponerlas a disposición en redes P2P tiende a estar más bien del lado de quienes piensan que eso es comunicación pública y, por tanto, ilegítimo. Por supuesto, se han hecho otras interpretaciones, filosóficamente defendibles y necesarias, pero seguramente menos sostenibles jurídicamente. Es por ello que creo un error la estrategia activista de haber construido las campañas basándose más o menos únicamente en que descargar es legal por una serie de sentencias que se pueden apelar. La ley se hizo para que el titular de derechos controlara la explotación, aunque luego haya agujeros legales o conflictos con otros derechos. La cuestión – yo no me he cansado de decirlo, perdón por el acto de narcisismo – es ajena a los abogados y los profesores de derecho: es una cuestión social, la de plantear que no haya que discutir qué es lo que es legal en la esfera digital y proteger la naturaleza del enlace. Es decir, la estrategia activista sólo puede pasar por la reforma de la ley. Con lo que volvemos a discutir sobre cuáles deben ser los nuevos equilibrios.

El plagio como excusa

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Una de las cosas más ridículas del affaire Paco González es que haya sido demandado por plagio. Muchas veces en la televisión se suceden las demandas porque se copian formatos de éxito y aparecen tipos que quieren impedir que otros ganen dinero alegando que se han inspirado en el suyo. Produce la sensación de que si haces un coche, como tiene ruedas y puertas, estás plagiando. Porque eso es lo que pasa con los formatos, sean radio o televisión: que tienen ruedas, volante, puertas y motor. Claro, todos se parecen. Pero la mera posibilidad de que se pueda llevar a juicio a alguien por esto, más en este caso en el que una cadena pierde ingresos y posición competitiva por la marcha del talento, muestra los terribles efectos secundarios del exceso existente de propiedad intelectual: matonismo legal para tratar de impedir la competencia.